miércoles, 21 de marzo de 2012

Raja Ampat, Día Cuatro - Pulau Wayag

Cuarto día de viaje. Hemos encontrado el paraíso en la Tierra. Sus coordenadas son latitud 0.15° norte, longitud 130.05° este.



Se trata de una isla, y tiene nombre, Pulau Wayag. Una asombrosa maravilla de la naturaleza prácticamente desconocida hasta la fecha. Perdida en medio del océano, casi inexpugnable, alejada de todos los circuitos turísticos del mundo. Las guías y revistas de viajes están aún por descubrir este sitio y dar a conocer su gran potencial. Hablamos de un lugar tan mágico y fascinante como la Bahía de Ha Long en Vietnam, pero mucho más exótico e irreal; tan virgen y puro como El Nido en Palawan, Filipinas, pero con menos visitantes aún; tan frágil y delicado como la isla de Ko Phi Phi en Krabi, Tailandia pero mucho más grande en términos de superficie.



Este era el destino de nuestra expedición al norte de Raja Ampat. La razón única y suficiente para cruzarnos Indonesia de oeste a este hasta llegar a Nueva Guinea, y a continuación hacer una travesía de tres días por mar.



Y es que, por el momento, la única forma de llegar a este rincón apartado del mundo es en barco, ya que se encuentra a 200 km del aeropuerto más cercano, en Sorong. Lo habitual es hacerlo a bordo de un lujoso crucero liveaboard que hace un recorrido por las islas de Raja Ampat. Nuestros bolsillos no podían sorportar los 100€-200€ que cuestan por noche, así que nos preguntamos si había otras alternativas. Encontramos una vía, complicada pero no imposible. Consistía en ir a la aventura al puerto de Sorong y contratar allí los servicios de un patrón de embarcación dedicada al transporte de personas y mercancías entre las islas. Pero no era nada trivial, sin chapurrear indonesio en Papúa Occidental no se llega a ninguna parte. Fue gracias a Dani que pudimos superar esta dificultad, eso y su habilidad para regatear.



Todo el esfuerzo para conseguir una mísera embarcación a motor que a duras penas soportaba el envite de las olas bajo una tempestad y con la que atravesar cualquier espacio de mar abierto suponía echarle una partida a la muerte. Pero cualquier viajero adicto a la aventura te diría lo mismo: si el destino lo merece, adelante. Afortunadamente salimos sanos y salvos y no tuvimos que pagar ningún precio, simplemente fuimos lo suficientemente temerarios como para intentarlo.



Fue nuestro particular homenaje a los grandes viajes, en estos tiempos que corren en los que uno puede disfrutar del National Geographic en la pantalla de alta definición del salón de su casa. Pero no es lo mismo ver esto con sus propios ojos, señores. No se engañen.



Pasamos nuestra primera noche en Wayag en el único punto habitado, el centro de Conservación Internacional de Raja Ampat. Ellos se encargan de garantizar la conservación de una de las siete áreas marinas protegidas declaradas por el gobierno de Indonesia. A cambio de un modesto donativo nos acogieron en su campamento un par de noches y serían ellos mismos los que nos prestarían el servicio de guía durante nuestra estancia. Nadie conoce mejor los misterios y rincones secretos que esconde este archipiélago. Y estábamos a punto de descubrirlos nosotros también.



A primera hora de la mañana pusimos rumbo a la principal de las lagunas interiores de Wayag, la que en el mapa del satélite aparece en color más oscuro y a la que se accede desde el oeste. Por la tarde llegaría el turno de navegar por una segunda laguna interior, al noroeste, en color más claro.



Estábamos excitados, con los nervios a flor de piel. ¿Había merecido la pena hacer un viaje tan largo? Estábamos a punto de averiguarlo. Nuestros ojos estaban ya listos para grabar en la retina cada uno de los detalles de ese largo día. Hasta el cielo se había aliado con nosotros brindándonos un día de sol casi despejado.



Dimos la vuelta a la isla hasta acceder a la laguna interior por el oeste. Nada más girar la curva nos dijeron que íbamos a deternernos en una playa y ascender una de las colinas de piedra caliza. Hasta alcanzar uno de los puntos más elevados de Wayag, para tener una buena perspectiva del paisaje de karsts.



Llegamos a la playa y desembarcamos. Miramos hacia arriba por última vez antes de escalar la montaña y nos adentramos en la vegetación.



Para nuestra sorpresa no había ningún camino marcado, podíamos estar subiendo esta montaña como cualquiera de las otras de alrededor. Supusimos que nuestros guías conocían ese camino y sabían que era accesible hasta la cumbre.



El ascenso no estuvo exento de dificultades. Al llegar arriba tuvimos que escalar algunas paredes de roca. No íbamos con el equipo más adecuado, pero si nuestros guías eran capaces de hacerlo con los pies descalzos no íbamos a quejarnos.



Sin echar la mirada atrás cuando ascendíamos, no veíamos el momento de coronar la cima y darnos la vuelta para admirar las vistas. Una vistas increibles. Puede que las más impresionantes que haya contemplado jamás.





Faltan las palabras para describir aquello, así que además de las fotos aquí tenéis una bonita panorámica en vídeo.



Tachán, ¡misión cumplida! Habíamos conseguido llegar los tres juntos ahí arriba. Nos felicitamos por la victoria lograda. Cada uno de nosotros puede grabar este momento en su recuerdo para siempre.



Nos tiramos un buen rato haciendo fotos, seguro que Javi pudo sacarle el mejor partido a su cámara. Luego descendimos de las nubes para poner de nuevo los pies en el barco y continuar la excursión.



Dimos la vuelta a una cadena de karsts y nuestros guías nos preguntaron si queríamos subir otra montaña para contemplar otra magnífica vista. Estábamos de suerte, íbamos a disfrutar no de una sino de dos panorámicas.



Aceptamos, pero no sabíamos que escalar esta montaña iba a resultar tan complicado. Con mucha paciencia, sufrimos más que subiendo la primera montaña. Las paredes eran más inclinadas. La verdad, fuimos un poco inconscientes, de habernos caído por las rocas no creo que hubiéramos regresado para contarlo.



Pero una vez arriba, nos dijimos a nosotros mismos que había merecido la pena correr el riesgo. Las vistas nos dejaban otra vez sin respiración. Contemplar esos minúsculos terrones de piedra salpicando el mar nos hizo pensar por un momento que quizás hayan sido colocados así por la misma mano de Dios.



No creo que exista otro lugar en Asia como Pulau Wayag. Un paisaje increible de colinas de roca repletas de una naturaleza verde y un mar de color azul imposible.



Desde lo alto comprobamos que la laguna no tenía fin y se perdía de nuestra vista serpenteando por el interior de la isla. Nos propusimos llegar hasta el último rincón.



Bajamos la montaña y con el calor apetecía pegarse un baño en esas maravillosas aguas turquesas. En un momento se me pasó el cansancio de haber subido las dos colinas. Que lástima no haber llevado una máscara para hacer algo de esnórquel.



Montamos en el barco y continuamos hacia una de las playas de arena que habíamos divisado desde arriba.



Dani grabó un vídeo mientras navegábamos por la laguna interior. Lo comparto con vosotros para que veáis que estábamos sólos, sin nadie más alrededor, y con el sonido de la naturaleza interrumpido únicamente por el ruido de nuestro motor fuera borda.



Intentamos llegar a la playa pero el acceso en barco no era posible por la escasa profundidad del fondo de coral.



A riesgo de quedarnos encallados desistimos y simplemente nos dejamos llevar a la deriva disfrutando de aquello.



Se respiraba una profunda paz y tranquilidad, no existían las preocupaciones ni nos importaba nada más en el mundo. No queríamos marcharnos de allí.



Cuando dimos por terminada la mañana volvimos al centro de Conservación Internacional y almorzarmos. Ya por la tarde, nos subimos otra vez en el barco para navegar por la segunda laguna interior. En la vista de satélite se apreciaba un color muy claro en el noreste de la isla y queríamos descubrir porqué.



Cuando llegamos allí vimos que en el fondo apenas había coral, sino arena blanca y sedimentos.



El agua estaba completamente en calma, como si se tratara de un lago de agua dulce. El fondo tenía muy poca profundidad así que a partir de cierto punto tuvimos que subir las hélices del motor para no encallar en la arena y mover el barco con ayuda de un palo.



Era un ecosistema único, una ciénaga compuesta por agua de mar prácticamente estancada donde crecían árboles (manglares).



Vimos pájaros tropicales y criaturas marinas en su hábitat natural, como una tortuga que pasaba por allí y apenas se inmutó con nuestra presencia.



Más adelante vimos alguna raya látigo (stingray) de forma redondeada arrastrándose por el fondo.



La ciénaga conectaba con el mar por el norte de la isla. Era curioso ver a lo lejos cómo las olas rompían contra el agua de la laguna. Como si allí hubiera una barrera y fueran dos mundos separados.



Estuvimos dando una vuelta y exploramos hasta el último rincón de la laguna. Al volver sobre nuestros pasos nos encontramos que no podíamos salir de la isla por el norte, pues la costa estaba expuesta directamente al océano y la corriente era muy fuerte. Terminamos saliendo por el sur y regresamos al campamento.



Había sido un día muy largo cargado de emociones. Sentirnos felices y contentos es decir poco. Aquel estaba resultando uno de los mejores viajes de nuestras vidas. Concluímos que había merecido la pena muchísimo viajar tan lejos para descubrir un lugar tan excepcional. Todavía nos quedaban tres días de viaje para hacer la ruta de regreso hasta Sorong, pero ya nos daba igual lo que fuéramos a encontrarnos. Habíamos sido testigos de lo mejor de Raja Ampat y podíamos descansar tranquilos.



Ojalá este tesoro de la naturaleza permanezca así de intacto durante mucho tiempo, en lugar de sucumbir al turismo insostenible y a la masificación que afectan a este tipo de atracciones en Tailandia y Vietnam. Papúa es una de las regiones de Indonesia que recibe menor inversión turística y por tanto pueden pasar años hasta que exista una infraestructura mínima que permita llegar cómodamente hasta aquí. El alojamiento también está complicado, por el momento existen únicamente cuatro resorts de lujo que no todo el mundo puede permitirse, a una distancia mínima de 100 km. Pasará un tiempo también hasta que este destino sea incluido en las guías de viaje. Hasta entonces, vivir esta experiencia no estará más que al alcance de unos pocos privilegiados, valientes aventureros dispuestos a seguir el mismo camino que hicimos nosotros.

El destino lo merece.

14 comentarios :

Ana María dijo...

Gran viaje e increíbles fotografías. Supongo que todas las dificultades merecen la pena!!

Ana María

EL TÍO CHIQUI dijo...

qué jodido me he quedado tras esta entrada....en serio me alegro mucho de que se diera tan bien! :)

abrazos pa los tres!

Javier I. Sampedro dijo...

Parece mentira que hayamos llegado a ese cachito de paraíso que hay en la tierra, quien nos lo iba a decir unos meses atrás cuando propusiste la idea y luego se fue tejiendo el plan. Un objetivo más que conseguido y disfrutado al máximo. Creo que me tuve que frotar los ojos unas cuantas veces mientras contemplaba el azul del agua y el paisaje de los karsts.

Aunque las fotos transmiten sensaciones, vivirlo por nosotros mismos, es algo impagable.

Yo también espero que se mantenga virgen y controlado como hasta ahora. No hay nada peor que un sitio se haga demasiado conocido y luego con la masa de gente, negocios... pierda su encanto. Este es un sitio sólo para aventureros o los que dispongan de buen bolsillo para viajar con algo más de comodidades. Nuestra experiencia no es comparable pero sin duda es la más auténtica y sobre todo el poder convivir con los locales y que de mano de ellos nos enseñen los secretos de este fantástico lugar.

Pau dijo...

Qué maravilla, ese lugar lo tiene todo para olvidarte del mundo.

Pepa dijo...

Coincido con Chiqui: demasiado bueno ya, la sana envidia que suelen despertar tus posts ha pasado el límite de no ser tan sana!!! XDD

No, en serio, es un sitio increíble y me alegro un montón, la pena que me da es que dándolo a conocer, dejará de existir tal y como es.

Por cierto, creo que después de esto, deberías tatuarte unos karsts de esos en el culo!!! :p

zordor dijo...

Meeee cago en la leche esto es una de las cosas mas increibles que he visto en mi vida! Tengo que ir ahi!

Felipe OI dijo...

Me dejas sin palabras una vez más... Qué lugar tan impresionante! Y qué viaje tan emocionante! Seguro que las sensaciones que describes en el post las conservarás toda tu vida. Muchas gracias por compartirlo con nosotros, pobres mortales :D

Xavi_kun dijo...

Tengo los ojos como platos despues de leer el post y mas aún viendo las fotos, MOG!!! vaya paraiso!!!

Diario viaje Kiana dijo...

Wow!!! Es increíble!!! Y verlo en persona tiene que ser alucinante!! Cuando me quiera relajar te aseguro que voy a cerrar los ojos y visualizar alguna de las fotos de Raja Ampat!!

Le tengo muchas ganas a Asia y concretamente a Indonesia por todo lo que he leído de templos como Borobudur, Prambanan, templo madre, tanah lot, islas Gili... Pero no sabía que contenía este tesoro, ahora tengo más ganas si cabe!!

Acabo de conocer tu blog y me voy a quedar un rato poniéndome dientes largos de tus destinos por Asia... ;-)

Saludos!!

Pepa dijo...

Qué agua, dios mío, que ganas!! Estar allí tiene que ser increíble.

Ya sé que ya había comentado, pero he vuelto a ver las fotos otra vez... como que te transportan...

Pol dijo...

Brutal! Indonesia es genial. Felicidades por llegar ahí, menuda envidia!

Alberto dijo...

Gracias a todos por los comentarios.

@Ana María, muchas gracias. La paliza de viaje mereció la pena, sin duda. El que algo quiere, algo le cuesta.

@Chiqui, una vez más, siento que no pudieras acompañarnos. Ya liaremos alguna parecida en otro viaje, jeje.

@Javi, fue el viaje perfecto. Bien organizado desde el principio, con unos objetivos ambiciosos pero asumibles y con buena capacidad de improvisación cuando se presentaban los problemas. Encima, tuvimos suerte con el tiempo. Ojala todos los viajes pudieran ser así.

@Pau, sí, parece como si por un momento viajaras a otro universo. El lugar más remoto y paradisiaco en el que haya estado nunca.

@Pepa, gracias. Si todos hacemos turismo responsable, no hay ningún problema en dar esto a conocer. Es un lugar que nadie debería perderse.

@Zordor, jajaja, eso exactamente lo que dijimos al llegar allí.

@Felipe, el viaje superó nuestras expectativas. He intentado expresar todas ese sensaciones que vivimos, aunque hay cosas que no se pueden transmitir en un relato, una fotografía o un vídeo. Yo os he abierto el apetito. El resto es cosa vuestra. :-)

@Xavi, pues imagínate cómo de espectacular tiene que ser verlo con tus propios ojos.

@Kiana, bienvenida al blog. Indonesia es uno de los países más interesantes de Asia, y quizás sea también el que más secretos esconde. Yo lo estoy descubriendo poco a poco, pero bien merece la pena un viaje largo de punta a punta.

@Pepa, jajaja, que grande, nunca nadie había comentado dos veces en el mismo post. Muchas gracias. Eres una de las lectoras predilectas de este blog.

@Pol, tengo muchas ganas de volver pronto a Indonesia y descubrir más lugares, me tiene fascinado el país. Gracias por el comentario.

Un saludo a todos.

Josu dijo...

Increíble,

tío, quiero ser como tú. Este tipo de turismo es el que de verdad llena, abre la mente y hace crecer como persona, espero poder recorrer esa ruta algún día.

Un saludo compañero viajero!

Minicheff dijo...

Hola chicos! que buen viajeeeeeeeeeeee
nosotros vamos el 22 de agosto,a sique veremos el clima, es nuestro quinto año consecutivo a Asia, y nos parece que viviremos esa experiencia tan maginifica como ustedes! ya les escribire a la vuleta.El tema es que veo dificultoso que no hablen ingles ,pero bue ya nos ha pasado en alguna parte de asi asique ahi vamos!
saludos

Marcela