lunes, 19 de marzo de 2012

Raja Ampat, Día Dos - Buceo en la isla de Kri

7:00 am del segundo día de viaje. Buenos días, Raja Ampat.



Nos despertamos en una cabaña de bambú de Yenkoranu Homestay. Habíamos llegado la noche anterior desde Sorong. En un inesperado golpe de suerte, encontramos el homestay nada más llegar a la isla de Kri, cuando en la oscuridad más absoluta hubiera sido casi imposible encontrar un lugar donde anclar el barco y pasar la noche. Todo gracias a los preparativos del viaje, un acierto apuntar en el mapa la localización de algunos homestays en Raja Ampat por si acaso.



Gracias a la habilidad negociadora de Dani no nos salió muy cara la jugada, apenas Rp 350.000 por un cuarto para los tres, menos de 10€ por cabeza. Conseguir ese precio en un lugar como Raja Ampat, donde todo es ultra caro por los costes de transporte y abastecimiento entre las islas, se puede considerar una hazaña. Por el momento, cumplíamos con la política de viaje en plan low-cost.



Bueno, ¿y qué hacemos levantados tan temprano un día de vacaciones?. El madrugón tuvo una causa justificada. Ese mañana Javi y yo íbamos a hacer submarinismo. Justamente había pasado un año desde que nos sacamos la certificación de buceo PADI OPEN WATER en Ko Tao, Tailandia y ya era hora de sacarle partido.



Como había comentado anteriormente, en el archipiélago de Raja Ampat hay muy pocas infraestructuras turísticas, salvo cuatro resorts de lujo contados y unos pocos homestay. Obviamente, escuelas de submarinismo no hay ninguna, así que nos vimos obligados a recurrir a los resorts de lujo. Tuvimos suerte de que uno de ellos aceptara clientes que no fueran los propios huéspedes del hotel.



Se trata de Raja Ampat Dive Lodge, quizás el más "asequible" de los cuatro resorts de lujo. Está situado en Pulau Mansuar, la isla vecina a Pulau Kri. Apenas tardamos 15 minutos en llegar desde el homestay donde habíamos pasado la noche.



Nos presentamos así sin hacer reserva ni nada. Me había puesto en contacto con ellos por email unas semanas antes diciendo que estábamos interesados en hacer inmersiones y que llegaríamos al resort en barco por nuestra cuenta. Al principio se mostraron un poco reticentes por ser nosotros buceadores principiantes. Por lo general no aceptan divers con menos de 50 inmersiones ya que en Raja Ampat las corrientes submarinas son muy fuertes y se necesita cierta experiencia. Sin embargo, insistimos un poco y terminaron aceptando. Se ve que era temporada baja y no tenían muchos clientes.



No nos cogieron reserva, simplemente nos dijeron que nos pasáramos cualquier día por el resort antes de las 8:00 am que salían los botes. Consultamos los precios en su web, mínimo 2 inmersiones $50 cada una + $35 por el alquiler del material. Un poco caro para ser Indonesia, pero no queríamos dejar pasar la oportunidad de bucear en Raja Ampat.



Al margen de moverse entre las islas, hacer submarinismo en un paraíso natural y relativamente virgen como este ya es motivo suficiente para viajar a Raja Ampat. Este destino ocupa los primeros puestos en la lista de los diez mejores lugares del mundo para bucear, siendo quizás el número uno en cuanto a biodiversidad. De acuerdo con Conservación Internacional, la diversidad marina en el mar de Halmahera es la más alta registrada en la Tierra. Mucho mayor que cualquier otro área del Triángulo de Coral integrado por Indonesia, Malasia, Filipinas, Papúa Nueva Guinea, las Islas Salomón y Timor Oriental. Esta región está considerada como el corazón de la biodiversidad de arrecife de coral en el mundo y Raja Ampat es posiblemente de los ecosistemas más ricos. Nosotros queríamos comprobarlo con nuestros propios ojos, detrás de una máscara de buceo.



A las 8:00 partimos puntuales del resort, con nuestro dive master Kris guiando una expedición de cinco personas, tres alemanes bien entrados en los cincuenta y nosotros dos. Al principio quiso llevarnos al Manta Point, un punto que suelen frecuentar las mantas, una de los especies marinas más majestuosas que habitan los mares de Raja Ampat.



Nada más llegar vimos alguna manta a escasos metros de profundidad, no sabíamos cuánto tiempo durarían allí. Los alemanes se echaron al agua y descendieron rápidamente. Por problemas técnicos —el bueno de Javi tuvo un percance con una aleta—, nuestra inmersión se retrasó y perdimos el turno. No pasa nada, esperamos al segundo. Entonces de repente empezaron a llegar varios grupos de divers provenientes de barcos liveaboard. Con tanta actividad bajo el agua las mantas se espantaron y allí ya no había nada que ver.



Los alemanes propusieron hacer la siguiente inmersión en una zona más tranquila, sólo para nosotros. Así pues, pusimos rumbo a Arborek, un pequeño islote entre Pulau Kri y la gran isla de Waigeo. A 10 minutos de donde estábamos.



Ahora sí, llegaba el momento de hacer nuestra primera inmersión. Los nervios se entremezclaban con la excitación. Un año de espera había sido demasiado largo, no tenía que haber dejado pasar la oportunidad única de hacer submarinismo en Okinawa, Japón.



Como es habitual antes de cualquier inmersión, el dive master nos dio la sesión de briefing. El plan era zambullirnos a un lado del muelle, descender hasta los 18 metros y dejarnos llevar por la corriente en dirección oeste. Momentos de duda antes de tirarnos al agua, ¿cómo era aquello del chequeo pre-inmersion: Cada (Chaleco) Persona (Plomos) Trabaja (Tiras) Ayudando (Aire) al Otro (OK final)?



Todo salió bien. Una vez dentro del agua fue bastante fácil llegar hasta el máximo de profundidad ya que coincidía más o menos con el lecho. En cuanto a la diversidad marina, sin palabras, fue un espectáculo impresionante. Vimos corales muy vivos, almejas gigantes y una infinidad de peces que no sabría identificar, salvo quizás los peces payaso nadando entre anémonas, los ídolos moro, las morenas y algún que otro pez ballesta patrullando su territorio. En este vídeo podéis ver más o menos lo que nos encontramos.



Se supone que en estas aguas habitan diminutos caballitos de mar pero no acerté a ver ninguno. Me resultaba bastante difícil permanecer fijo en un punto del arrecife porque había algo de corriente y, aparte, siendo un principiante me cuesta todavía regular la flotabilidad simplemente con la respiración, así que dejaba algo de espacio para no acercarme demasiado y resultar golpeado contra las rocas.



Todo perfecto. Y a juzgar por la expresión de Javi al salir del agua, creo que también se lo pasó igual de bien que yo.



Ya que nuestra primera inmersión había sido tardía, tendríamos la segunda inmersión después de comer.



El segundo punto de inmersión fue en la punta de la isla de Kri. Aquí el arrecife de coral se extendía en forma de barranco hacia el fondo, de modo que había que controlar la profundidad. Como en la anterior inmersión, descenderíamos en un punto y nos dejaríamos arrastrar por la corriente hasta salir por el extremo de la isla. En esta ocasión, el dive master nos avisó de que la corriente sería bastante fuerte. No se quedó corto en absoluto, al llegar abajo la corriente literalmente nos arrastraba. Los primeros minutos hasta que logré alcanzar la profundidad máxima y reunirme con el resto del grupo fueron algo angustiosos. A partir de ahí, intenté relajarme, olvidarme del barranco del que no se veía fin a mis pies y dejarme llevar por la corriente sin hacer ningún sobreesfuerzo. De nuevo, vimos corales increibles y muchos tipos de peces, pero lo mejor fue encontrarnos con una enorme tortuga. Llegó justo de frente a mi altura y se paró a comer rascando su pico contra la roca. Estaba tan cerca que casi podía abrazarla, aunque por supuesto ni tocarla. Quería observarla durante un buen rato, así que para resistir la corriente no me quedó otra que aferrarme con fuerza a una roca del arrecife.



Al cabo de un rato continúe desplazándome por la pared del barranco hasta que me di cuenta de que el indicador de aire había entrado ya en la parte roja. Ascendí hasta asomar por la superficie y al poco Javi también. El barco nos vio y vino a buscarnos. Estábamos bastante lejos del punto donde nos habíamos zambullido. Con el cuerpo ya seco, pensé en lo que había dado de sí esta segunda inmersión. El momento de ver a la tortuga había sido un subidón, pero los primeros minutos luchando contra la corriente habían sido algo angustiosos mientras intentaba seguir al dive master y a los alemanes que caían al fondo como plomos. No me gustó haber pasado por aquella experiencia y al final me pareció que había sido una insensatez bastante grande bucear en condiciones extremas siendo un principiante, y con un dive master algo despreocupado debajo del agua. A pesar de todo, después de las dos inmersiones estaba muy satisfecho. Había merecido muchísimo la pena bucear en Raja Ampat.



Regresamos al resort, donde nos estaba esperando Dani, con Agus y el resto de la tripulación de nuestro barco. Devolvimos los trajes de buceo junto con el resto de material y nos despedimos. Subimos a bordo de nuestra embarcación y arrancamos. Rumbo al norte, continuando con nuestra travesía.



—Ahí van los locos que intentan llegar a Pulau Wayag en longboat—, decían.



Después de un día cargado de emociones submarinas, el mar todavía nos deparaba alguna sorpresa. El cielo había estado nublado durante los primeros días pero al final del segundo quiso ser generoso y se despejó, regalándonos uno de los atardeceres más bonitos que haya visto jamás.



Navegábamos sobre un mar completamente en calma. Los colores se reflejaban como si de un espejo se tratara, dando lugar a una ilusión. Fue uno de los momentos más mágicos del viaje. Con vosotros, Raja Ampat en estado puro.



El sol se puso en el horizonte y las nubes se tiñeron de rojo. El día daba paso a la noche y todavía nos quedaba una o dos horas hasta llegar a nuestro siguiente objetivo en el itinerario, las inmediaciones de Pulau Pef. Confiábamos en llegar con las últimas horas de luz y encontrar algún embarcadero donde pedir permiso para anclar el barco y pasar la noche. Sin embargo, a diferencia del día anterior sabíamos que no podríamos contar con la alternativa del homestay porque empezábamos a estar ya lejos de la civilización.



La noche sobrevino más rápido de lo que esperábamos y una vez más nos encontramos en mitad del mar sin otra luz que nuestra linterna para guiarnos. Habíamos cometido por segunda vez el mismo error. En fin, lamentarse no servía de nada.



Llegamos a Pulau Pef y dimos vueltas y vueltas hasta encontrar un embarcadero con luz. Nos acercamos a preguntar, a ver si teníamos tanta suerte como el día anterior. Al principio parecía que no iba a ser así. Se mostraron algo hostiles, nos dijeron que aquello era un recinto privado y que no podíamos acampar. Al parecer, se trataba de una factoría de ostras.



Pedimos que nos condujeran hasta el jefe y le contamos nuestra película, queremos llegar a Wayag y no tenemos dónde pasar la noche. Cual fue mi sorpresa al descubrir que el tipo era japonés. Supervisaba un laboratorio de investigación para el cultivo de perlas. Por si alguno no lo sabe, el cultivo comercial de perlas fue una tecnología desarrollada por los japoneses en la década de 1920 y más tarde extendida bajo su control por toda la cuenca asiática del océano Pacífico.



En cuanto me presenté y le dijé que yo era estudiante de investigación en Japón el tono de la conversación cambió radicalmente. ¡El tipo conocía a varios profesores de la Universidad de Tsukuba! En un momento ya nos estaba sacando umeshu y ofreciendo cervezas. Estuvimos hablando durante un buen rato. Mi japonés no es para tirar cohetes pero suficiente para una conversación casual. Hablamos del tiempo que llevaba fuera de Japón, de su labor de investigación, de cómo había vivido el terremoto y tsunami del 11 de Marzo. Le pilló en Raja Ampat. Tenía conectada la NHK por satélite y se enteró unas cuantas horas después, justo cuando el tsunami llegaba a Indonesia. En el norte de la isla de Papúa alcanzó unos 50 cm, que no fue poco. Estas y otras conversaciones me animaron bastante y me hicieron ver lo mucho que he progresado en japonés.

Al final de la conversación el tipo nos dijo que por supuesto podíamos quedarnos a pasar la noche. Incluso nos ofreció una habitación donde dormir, pero humildemente la rechazamos y le dijimos que durmiendo en el embarcadero estaríamos bien. Luego nos arrepentimos de haber sido tan humildes, el embarcadero no resultaba cómodo en absoluto. Durante toda la noche tenía que estar allí un señor con la luz encendida manejando una radio. Después de la cena, Dani y Javi intentaron dormir allí. Yo regresé al barco, eché la colchoneta sobre el suelo y con medio cuerpo al descubierto me dormí mirando las estrellas.



Y esa es la historia de cómo conseguimos alojamiento el segundo día. Nada menos que el embarcadero de una factoría de perlas, alojamiento de lujo.



Al tercer día nos esperaba un largo trayecto, ¿qué aventuras nos tendría reservadas Raja Ampat? Tendréis que esperar hasta el próximo post para averiguarlo.

Post relacionado: Chicharrero por Hong Kong - Buenos días Kri

10 comentarios :

Anónimo dijo...

Excelente relato , los videos y las fotos , ayudan a transmitir bastante bien la historia del viaje.
Junto con el viaje al sur de China de los mejores relatos.
Saludos.

Mariela dijo...

Excelente relato, tu manera de contarlo casi me hace sentir la emoción del buceo y la incertidumbre de estar en mar abierto buscando el destino. Me quedo con ganas de más.

Kelora

Pepa dijo...

estaba esperando este post :) y ahora espero el dia tres!! Que guay lo de la tortuga, creo que yo me emocionaria tanto que seria peligroso! :D Y lo del japonés, menudo puntazo!! por cierto, yo tambien, me habria ido a dormir al barco, de hecho, me mola la idea incluso teniendo alternativa... asi de rara soy yo :D

EL TÍO CHIQUI dijo...

Vaya si era caro bucear! Qué locura. Pensaba yo que sería de otra forma.

un abrazo!

Javier I. Sampedro dijo...

Fue un día bastante completo, aunque me quedé algo rascado por el incidente inicial habiendo perdido la aleta cuando justo no tuvimos que desplazar porque teníamos a las mantas debajo. No obstante, el resto de inmersiones compensó y disfruté bastante.

Espero que la experiencia de haber buceado con aquella corriente, nos sirva para el futuro y saber dosificar mejor las fuerzas. Aún estamos aprendiendo, sin duda, seguro nos servirá para la próxima.

Alberto dijo...

Gracias por los comentarios.

@Anónimo, muchas gracias. Veo que sigues el blog desde hace tiempo, me alegra mucho tener lectores tan fieles.

Intentaré mantener el mismo ritmo para los relatos que están por venir.

@Kelora, muchas gracias. No me he dejado un detalle que contar. Sucedió exactamente tal y como lo describo.

En breve vienen más capítulos, no te preocupes.

@Pepa, tendrás que esperar un poco, jeje. Escribir este post me ha dejado algo agotado y el que está por venir requiere de inspiración.

Lo de la tortuga fue increible, era enorme y estaba tan cerca. Parecía un sueño.

En un principio pensamos que dormir en el barco sería incómodo por el balanceo, pero esa noche el mar estaba en calma y el barco bien amarrado así que ni lo noté. Caí rendido a los pocos minutos y dormí casi del tirón.

@Chiqui, era la única forma que teníamos de bucear en Raja Ampat. Allí todo es caro porque no hay infraestructura turística. Fue el único lujo que nos permitimos. El dinero va y viene, pero estoy seguro de que nos hubiéramos arrepentido de no haber buceado en un lugar como este.

@Javi, disfruté mucho de las dos inmersiones. Tuvimos suerte de poder solucionar el incidente de la aleta y hacer la segunda inmersión por la tarde.

Lo que desde luego que ha ayudado ha sido a perder el miedo. Si fuimos capaces de bucear en tales condiciones, en situaciones normales deberíamos estar más relajados y dosificar mejor el aire para aguantar más tiempo bajo el agua. Espero que no tengamos que esperar otro año para la siguiente inmersión.

Saludos a todos.

Pau dijo...

¿Qué tendrá eso del buceo que engancha tanto?

Con este tipo de post empiezo a descubrirlo.

tsutomu dijo...

Otra entrada estupenda, parece un viaje de ensueño, la verdad, ¡chulísimo! Y no tenía ni idea de la dificultad del buceo con escafandra...Pero parece que compensa con creces :)

Anónimo dijo...

Estupendo viaje, quisiera seguir sus pasos! Alguien se anima!?

Pepe Motoki dijo...

Estoy saliendo la proxima semana rumbo a Malaysia, llegare a Bali el 3 de setiembre si alguien se anima y tiene el mismo espiritu aventurero que estos chicos, hable ahora o calle para siempre! Jajaja aun estamos a tiempo de hacer los preparativos y emprender viaje.

Abrazos

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