sábado, 26 de noviembre de 2011

Momiji en Nikko

Hace unas semanas estuve en Nikko, en las montañas de la Prefectura de Tochigi. Se trataba de mi segunda visita, ya que el año pasado vine para ver los templos y santuarios declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Una de las cosas que más me impresionaron entonces fue la majestuosidad de los mausoleos de Tōshōgū y Taiyuin. Pero no sólo es conocido Nikko por su riqueza de patrimonio cultural y religioso, también por estar situado en un hermoso paraje natural.



El año pasado vine en primavera, así que este año tocaba regresar en otoño. El paso de las estaciones para los japoneses tiene un significado importante y estos suelen recibir con gran expectación acontecimientos como el florecimiento de los cerezos, que se conoce como hanami, o el cambio de color de las hojas del arce en otoño, que se conoce como momiji.



El kanji de momiji (紅葉), que también puede leerse como kouyou, significa literalmente "rojo oscuro (carmesí) y hoja", así que podría traducirse como "el cambio de las hojas al color rojo", un fenómeno que ocurre en otoño justo antes de que las hojas caigan de los árboles. El término hace referencia a un tipo de árbol concreto, el arce japonés palmeado, cuya hoja tiene una forma muy característica.



Sin embargo, con frecuencia se emplea momiji para designar el momento del otoño en el que uno puede ver el cambio de color en las hojas de muchos árboles, no sólo a rojo sino también a amarillo y marrón, antes de caer al suelo y adornar las calles. A pesar de que ya empieza hacer fresco por estas fechas a la gente le gusta salir a pasear y disfrutar de la estampa otoñal. Hay que estar atento porque el calendario varía dependiendo de la latitud de Japón en la que nos encontremos, dando comienzo a finales de octubre en el norte de Japón y llegando casi hasta Diciembre en el sur.





Alguno pensará que esto del momiji es una chorrada y que en España a la gente también les gusta salir a pasear al parque en otoño para ver caer las hojas de los robles y plátanos sin vivirlo de una manera especial, pero sí es cierto que de escoger una época del año para visitar Nikko, recomendaría hacerlo a mediados del mes de noviembre, cuando el paisaje es así de bonito.



Por supuesto, podéis dar por sentado que durante estas fechas los japoneses acudirán en masa durante los fines de semana, mejor venir un día de diario si es posible.



En cuanto al conjunto, la más destacado es el Tōshōgū, un mausoleo dedicado a Tokugawa Ieyasu (1542-1616), el fundador del shogunato Tokugawa que gobernó Japón durante 250 años hasta la Restauración Meiji. Se trata de un santuario sintoísta con mezcla de elementos budistas. Fue edificado en 1636 por el nieto de Ieyasu, Tokugawa Iemitsu.



Algo menos impresionante resulta el Mausoleo de Taiyuin, que contiene las cenizas de Tokugawa Iemitsu (1604-1651), tercer shogun de los Tokugawa.



Al cruzar la puerta principal las linternas de piedra cubiertas de musgo nos recuerdan que a pesar del excelente estado de conservación estos templos han vivido muchos otoños.





Yo diría que venir a Nikko en esta época del año es una escapada perfecta a la que dedicar uno o dos días mientras se está de paso por Tokio. Los turistas se llevarán de aquí un bonito recuerdo de Japón.



Para rizar el rizo, durante la primera quincena de Noviembre en Nikko uno puede disfrutar del momoji no sólo de día sino también de noche. Frente al edificio Sanbutsu-do del templo budista de Rinno-ji se encuenta el parque de Shōyō-en, que se ilumina entre las 17:00 y las 20:00 horas.



El evento se conoce como Shōyō-en Light-up (逍遥園ライトアップ) y si uno tiene la oportunidad recomiendo pagar la entrada al jardín para ver los árboles coloreados bajo la luz de las lámparas.



El reflejo cristalino de las hojas rojas, amarillas y verdes en el estanque es asombroso.



En conclusión, me ha gustado mucho regresar a Nikko en otoño, la experiencia ha sido mejor incluso que mi primera vez el año pasado. Podéis encontrar más información sobre los templos y santuarios y alrededores de Nikko en las respectivas entradas que escribí en su día.

8 comentarios :

AnaM Guiot dijo...

Nikko es precioso. De lo más bonito del país. Yo lo visité a finales de octubre y las hojas aun no tenían tanto color... si ya de por sí es bonito con esos colores es espectacular.

Unas fotos increibles :)

Mariela dijo...

Unas fotos preciosas, unos paisajes evocadores y una narración llena de datos interesantes. Como siempre, me siento transportada a esos lugares que tan genialmente describes.

Pau dijo...

La primera vez que fuimos a Japón fue a mediados de octubre. La vegetación empezaba a estar de color rojo por Nikko, pero no tan bonito como lo que he visto aquí.

Javier I. Sampedro dijo...

Me da que tendré que visitar Nikko dos veces o sino elegir la mejor época para ir, cosa no fácil. Si me quedé con la espinita clavada en esta última visita a Tokio, no pasar de la próxima vez que vaya y espero que me cuadre para ver escenas tan bonitas como estas.

Gracias por compartir y la interesante lección de historia del lugar.

EL TÍO CHIQUI dijo...

Precioso el otoño en este país, se encuentran unos tonos rojizos que no he visto en ningún otro sitio. Genial época para visitar Japón.

Felipe OI dijo...

Es curioso, en coreano la palabra que designa el follaje otoñal es 단풍 (danpung), que en origen hacía referencia solo a las hojas del arce. Es decir, lo mismito que en Japón.

Preciosas las fotos, por cierto. Me encantan :)

Alberto dijo...

Gracias a todos por los comentarios.

@AnaM, estoy totalmente de acuerdo. Probablemente regrese al año que viene otra vez, quizás de nuevo en otoño para ver los colores.

Me apunto tu blog de viajes para seguirlo.

@Mariela, muchas gracias. Me alegra que te haya gustado la entrada.

@Pau, el punto cumbre del momiji dura sólo un par de semanas, es uno de tantos momentos fugaces en Japón.

@Javi, no será porque no te recomendé ir a Nikko cuando estabas por aquí de visita, si recuerdo que hasta miramos la forma de llegar en tren. Estando tan cerca de Tokio tenías que haber ido, hombre. La próxima que no falte, jeje.

@Chiqui, cierto. El color rojo intenso del arce en otoño no lo he visto en ningún sitio más que en Japón. Junto con el hanami en primavera es una buena temporada para venir de viaje.

@Felipe, qué curioso que en coreano el significado sea al mismo. Hasta donde yo sé, los coreanos también disfrutan del florecimiento de los cerezos. Los dos países tienen más cosas en común de lo que pensamos.

Saludos a todos.

CaDs dijo...

Pasote de colores!