miércoles, 3 de marzo de 2010

El día que volví a Saigón

Después de pasar por Vietnam y regresar a España, durante el año 2009 tuve el mismo sueño algunas noches.

Abría de repente los ojos. Despertaba en mi asiento con esa sensación de sopor tras un largo viaje en avión. Miraba a mi alrededor, sentía que descendíamos. Echaba una ojeada por la ventanilla y mi vista alcanzaba un mar de casitas extendiéndose hasta el horizonte. Arriba el cielo era claro y despejado pero abajo una densa nube de polución envolvía la ciudad.



El avión seguía descendiendo y se aproximaba a tierra hasta posarse con suavidad. Desabrochaba mi cinturón y desembarcaba en la terminal.



Recorría los pasillos del aeropuerto hasta llegar a inmigración. Entregaba mi pasaporte al oficial de policía y este comprobaba mi visado. Después me miraba a la cara, miraba la foto del pasaporte y me volvía a mirar una vez más antes de estampar un sello rectangular en el documento. Ya estaba dentro.



Bajaba por las escaleras y recogía raudo mi maleta de la cinta. Me dirigía hacia la salida. Desde el interior de la terminal divisaba la masa de gente esperando fuera, agitándose de forma impaciente contra la barandilla. Las puertas automáticas se abrían a mi paso y salía por fin al exterior.



En ese momento una intensa sensación de calor y humedad tropical me golpeaba de forma inesperada. Y entonces me desvanecía...


O más bien me despertaba. Sudando y sofocado, nervioso y desorientado en mitad de la noche. Desde la cama sentado miraba a ambos lados, ... estaba en mi habitación de Madrid. La ansiedad se apoderaba de mí.

El sueño se repitió durante algunas noches, no una ni dos ni tres ni cuatro, siempre de la misma forma. Pero, ¿de verdad era un sueño? ¿O un recuerdo revivido? ¿No se trataba acaso de la misma rutina que tenía lugar cada vez que volvía de viaje durante los años 2007 y 2008 que trabajaba en Vietnam? El regreso a Saigón, la vuelta a casa... ¿Qué significaba todo aquello, volver a sentir una experiencia pasada ahora que ya no estaba allí? ¿Un deseo, quizás?



El 3 de Marzo de 2010 la historia se volvió a repetir.

Abrí los ojos y me desperté cuando el avión estaba aterrizando. Todavía adormilado desembarqué y pasé por inmigración. Con el pasaporte sellado en una mano y la maleta en la otra me dirigí hacia la salida. Afuera sólo veía un montón de gente esperando en la barandilla. Las puertas automáticas se abrieron y salí de la terminal. Al momento sentí que una bofetada de calor y humedad me golpeaba la cara y me quedé parado en el sitio, en mitad del pasillo de gente. Me entraron nauseas y mis ojos se nublaron, por un instante creí que iba a desmayarme por el contraste tan brusco de temperatura después de horas bajo el aire acondicionado. Unos segundos después el sonido volvió a escucharse y las formas difusas se convirtieron de nuevo en personas. Tenían los ojos rasgados y gritaban palabras ininteligibles, me sentía confuso. Mis piernas se pusieron entonces en movimiento en dirección a la parada de taxis y poco a poco empecé a recuperar la consciencia.

Sabía dónde me encontraba.




Había superado la espiral. ¿De verdad estaba de vuelta en Saigón?, ¿no era un sueño?. Tuve que pellizcarme y echar mano de los sentidos para confirmar la realidad; sentía en mi piel la camisa empapada en sudor por el infernal calor, un fuerte olor a humo de escape me entraba por la nariz y los edificios de enfrente me resultaban familiares. No cabía duda, me encontraba en Tân Sơn Nhất, el aeropuerto internacional de Ho Chi Minh City.

1 año, 5 meses y 5 días después regresaba a Saigón con intención de quedarme un mes.

El hijo pródigo había vuelto a la ciudad.

6 comentarios :

Anónimo dijo...

Alberto!
a ver...cómo explico esto. Todo empezó por un viaje a Vietnam que preparaba con las amigas. Al final el viaje no pudo ser, pero me quedé enganchada a tu blog y más cuando de repente, cual es mi sorpresa, te veo en una foto, veo después tu nombre y pienso, joder pero q peqño (y grande a la vez!) es el mundo. Total, que quedé fascinada con tus historias y de vez en cuando pues si, entro y leo.
En fin, hay alguna forma de mandarte un privado???

Pau dijo...

Todavía recuerdo lo angustiado que estabas por Madrid. Pese a que era una gran ciudad se te quedaba pequeña.

Bonito post :D

Javier I. Sampedro dijo...

Que sensación esa cuando uno no sabe diferenciar un sueño de la realidad, pero mejor aún cuando uno lo vive de verdad en sus carnes. Esas ansias de conseguir algo y sabemos que cueste lo que cueste, vamos a por ello.

Tú supiste ganártelo a pulso. Tardó un poco más de lo esperado pero el momento llegó y fue como cuando pisabas el país por primera vez, como un niño con zapatos nuevos y mucha ilusión por delante.

Alberto dijo...

@Anónimo!!
¿Quién eres? ¿Nos conocemos? Déjame una dirección de email y te escribo!

@Pau, así es, la vuelta a casa no me sentó muy bien y menos a Madrid, una ciudad que después de 8 años tenía poco que ofrecerme. El día que pisé Madrid después de un año en Vietnam fue uno de los más tristes de mi vida. Era muy feliz viviendo en Vietnam y vuelvo a serlo ahora que vivo en Japón. Gracias.

@Javi, esos sueños me dejaron rayado durante una temporada. Eran tan reales... ¡y de repente me despertaba en Madrid! El inconsciente a veces hace cosas raras. Luego cuando regresé de verdad sentí un déjà vu al salir del aeropuerto y volví a pensar en esos sueños.

Me costó un poco encontrar la oportunidad de regresar a Asia pero ha merecido la pena. Todas aquellas ganas que tenía por volver han hecho que ahora intente aprovechar cada día al máximo y siga acumulando experiencias.

Gracias a todos por comentar.

Chiqui dijo...

Joer qué rayada Alberto...me ha parecido estar yo en el sueño...porque alguna vez me ha pasado lo de los sueños que se repiten! es un agobiaco!

Enhorabuena por haberlo conseguido! ;)

Alberto dijo...

Jajaja, ¿a ti también? Vaya, me hace sentir mejor porque ya te digo que llegué a preocuparme después de soñar lo mismo algunas noches...