viernes 18 de junio de 2010

Asakusa, Nihonbashi y Ginza - Un sábado cualquiera

No me hizo falta ni una semana después de mi llegada a Japón para que se confirmaran mis sospechas, Tsukuba iba a ser un bajón.

Elegí la Universidad de Tsukuba por varias razones, la principal de ellas el laboratorio donde voy a desarrollar mi proyecto de investigación durante la beca Monbukagakusho, la ciudad era lo de menos. Y es que Tsukuba Science City es una ciudad creada por y para el desarrollo de la investigación científica, con el campus de la Universidad de Tsukuba como epicentro de actividad y estudiantes, profesores e investigadores una gran parte de sus habitantes. Hay facultades, laboratorios y centros de investigación por todas partes pero no hay casi tiendas, ni restaurantes ni clubs para salir de fiesta. De lunes a viernes Tsukuba tiene lo básico y necesario para hacer vida en torno a la Universidad, pero los fines de semana son puro aburrimiento. Por eso necesito escapar, evadirme de cualquier cosa que tenga que ver con la Universidad; vivo en el campus, voy a clase por las mañanas, almuerzo en los food court de la Universidad, frecuento la biblioteca por las tardes y algún día me paso por el laboratorio para asistir a los seminarios. ¡Necesito escapar de Tsukuba o me volveré loco! Y para eso nada mejor que ir a Tokio, que por suerte está al lado. En menos de una hora puedo plantarme en una de las estaciones de la línea Yamanote y ser libre para recorrer la ciudad. Y esto es lo que suelo hacer los fines de semana... Desde que llegué a Japón llevo viviendo una doble vida, de lunes a viernes soy un estudiante de investigación en Tsukuba y los fines de semana me convierto en un turista extranjero ansioso por viajar y descubrir el país, empezando por Tokio.

Y Tokio es una ciudad lo suficientemente grande como para poder ir descubriéndola poco a poco, dedicando todo un día a visitar uno o dos barrios y dejando siempre algo que ver para la próxima vez. Así pues, un sábado cualquiera de un fin de semana cualquiera unos amigos de la Universidad y yo nos plantamos por la mañana en Asakusa dispuestos a pasar el día descubriendo Tokio, sin prisa pero con mucho entusiasmo por conocer una cara de Japón distinta de la que nos encontramos entre semana en Tsukuba.



Asakusa es un buen punto de partida. Dicen que es uno de los barrios de Tokio que mejor ha sabido conservar la atmósfera del Japón tradicional.



En el barrio predominan las casas de baja altura, algunas datan de la década de los 50 y 60 mientras que otras han sido decoradas con el propósito de darle un aire antiguo, todo ello hace que se respire esa atmósfera del pasado al pasear por sus calles.



Uno puede caminar tranquilamente por los alrededores del Templo de Sensō-ji, un área peatonal. Hasta puedes llegar a olvidarte de que estás en Tokio, una de las ciudades con más bullicio de tráfico. El ambiente que rodea el templo se intensifica cuando enfilas Nakamise-dori, una avenida con multitud de tiendas de recuerdos y por la que pasan cientos de turistas al cabo del día.



La avenida termina en la puerta Hōzōmon, la entrada al templo. El Templo de Sensō-ji es un templo budista, el más antiguo de Tokio (sus orígenes datan de 645) y uno de los más importantes. Por desgracia en estos momentos está en labores de restauración así que volveré dentro de un tiempo para visitarlo en todo su esplendor.



Después de Asakusa dimos un salto a otro barrio de Tokio, Nihonbashi. Nihonbashi era uno de lo centros de actividad comercial durante el periodo Edo. En la actualidad Nihonbashi se ha convertido en uno de los principales distritos financieros de Tokio. Su desarrollo económico dio comienzo cuando en 1673 la familia Matsui decidió emplazar aquí Mitsukoshi, los primeros grandes almacenes de Japón.



Hoy en día Mitsukoshi es una importante cadena de grandes almacenes japonesa, con sede central en Nihonbashi. Tiene sedes en otras ciudades del mundo, incluyendo Madrid.





Merece la pena echar un vistazo al interior del edificio de la sede central para contemplar la estatua de Magokoro. La estatua fue erigida en el hall principal en 1960 con motivo del 50 aniversario de Mutsukoshi. Se tardaron diez años en completar esta impresionante obra de arte, que representa a Magokoro -diosa de la sinceridad- bajando desde el cielo. Según el creador simboliza la filosofía principal de los grandes almacenes con sus clientes, "sinceridad".



Desde Nihonbashi llegamos caminando a Ginza. Ginza es el barrio más famoso para hacer compras de Tokio, también el más lujoso. Normalmente se compara Ginza con la Quinta Avenida de Nueva York.



Los fines de semana la arteria principal, Chuo-dori, permanece cerrada al tráfico y la gente se echa a la calle para hacer sus compras. Por supuesto en esta calle no faltan los grandes almacenes y las tiendas de marca más caras y conocidas del mundo.







Después de pasar Ginza llegamos al Parque de Hibiya, famoso por albergar eventos al aire libre. Ese fin de semana tuvimos la suerte de que tenía lugar el Oktoberfest de Tokio, que por alguna extraña razón se celebraba en Mayo.



Estuvimos bebiendo cerveza en el parque hasta que anocheció y entonces nos movimos para buscar un sitio donde cenar. Llevé a mis amigos a una zona de restaurantes en Ginza junto al puente donde cruza el Shinkansen, que conocí gracias a Jairo, compañero becario ICEX de periodismo en Seul ahora residente en Tokio. Continuamos bebiendo cerveza y acompañamos con unas tapas de comida japonesa deliciosas. El sitio está bastante bien.







Para terminar el día estuvimos paseando por los alrededores de Ginza antes de iniciar nuestro camino de vuelta a Tsukuba.



La verdad es que no había ningunas ganas de volver a casa, sino más bien de quedarnos en Tokio para salir de fiesta. Desafortunadamente los horarios de trenes y autobuses a Tsukuba cierran antes de la media noche y quedarse más tiempo supone tener que esperar hasta las 6 de la mañana. Así pues nos despedimos de Tokio y volvimos con pesar a Tsukuba, con la esperanza de poder regresar a Tokio al fin de semana siguiente y seguir descubriendo la ciudad. En el camino de vuelta a Tsukuba no faltó tiempo para reflexionar si sería más feliz viviendo en Tokio. Creo que mejoraría notablemente mi experiencia en Japón pero se hace bastante complicado de compatibilizar con la asistencia a las clases del Master que empiezo el año que viene en la Universidad. Aún así no es algo imposible, las comunicaciones entre Tokio y Tsukuba por el día me permitirían llegar a la Universidad en una hora. Tendré que planteármelo cuando llegue el momento... por ahora seguiré viviendo esta doble vida que llevo en Japón.

3 comentarios.:

zordor dijo...

Lo primero: muy buena entrada como siempre. Lo siguiente es sobre tu reflexión de vivir en Tokyo, se que Tokyo tira mucho y mola mucho. Yo estoy encantado de estar por aquí, pero yo me lo pensaría dos veces y es que piensa que chuparte una hora diaria con trenes hasta arriba de gente... puede ser durete... Además piensa que seguramente no vivas en Shibuya, shibuya o donde sea y tengas que sumar media hora más de desplazamiento... en total facilmente pierdas 2 horas y media de tu vida diaria en desplazamientos :S

También subiran muy mucho tus gastos diarios, alquiler, seguramente comida también... yo me lo pensaría... en realidad seguro que no estas tan mal estando cerca de la uni entre semana y escapaditas los fines de semana ;) aunque muchas veces te de super rabia porque te pierdas cosas, también tiene sus ventajas no?

Por cierto! un día tenemos que ir a ver tu campus y la NASA japonesa esa :)

Un abrazo!

Javier I. Sampedro dijo...

A lo mejor cuando te metas de lleno a investigar, la estancia en el campus se hace más llevadera y luego como no, aprovechar el finde para seguir descubriendo Tokio. Lo mejor sería tener todo más cerquita, pero bueno ir adaptándose.

Está claro que si el transporte fuera ininterrumpido, eso facilitaría las cosas cuando se sale de fiesta. Estaría bien que tuvieran guaguas nocturnas pensando en los estudiantes que se desplazan para distraerse en la noche tokiota :)

Un abrazo!

Alberto dijo...

Gracias por vuestros comentarios, me ayudan a pensar y a mirarlo desde otra perspectiva.

No obstante, la situación en Tsukuba no va a mejorar aunque empiece a investigar, Javi, el problema es que aquí no hay nada que hacer los fines de semana. Es cierto que de vez en cuando hay fiestas universitarias pero como la edad legal para beber alcohol en Japón son 20 años, está prohibida la venta de alcohol en la Universidad y el ambiente se enfría bastante. Hay dos o tres pubs en Tsukuba pero están muy lejos y hay que ir en bici, imaginaos lo que es tener que coger la bici para salir de fiesta: un bajón (y un peligro).

Rodrigo, antes de irme a vivir a ningún sitio de Tokio por supuesto que iba a mirar bien los precios del alquiler, del coste de vida, etc. Aparte hay otros factores que influyen como la posibilidad de compartir piso con algún compañero de la Universidad que quiera venirse a Tokio y por supuesto que mi sensei apruebe que realice parte de mi investigación fuera del laboratorio. En teoría esto sería posible porque ya hay otros estudiantes de investigación que no vienen al laboratorio todos los días. Obviamente si vivo en Tokio no me compensa ni en tiempo ni en dinero tener que chuparme 2 horas de transporte para venir a Tsukuba todos los días. Pero hasta Abril no empiezo el Master así que si mi sensei lo aprueba podría venir a Tsukuba 2-3 veces por semana y el resto del tiempo investigar en Tokio. Durante el primer año de Master en 2011 tendría que volver a vivir en Tsukuba porque tengo que ir a clase todos los días; en cambio durante el segundo año de Master, sino tengo asignaturas pendientes podría dedicarme sólo a la tésis y de nuevo podría volver a vivir en Tokio si mi sensei lo permite. Asi pinta la cosa.

Rodrigo, ya he podido comprobar que vivir en Tokio realmente marca la diferencia, sobre todo en el tema de pillar con alguna. No mola tener que buscar un Love Hotel al final de la noche.

En fin... que podría irme a vivir a Tokio pero depende de muchos factores. El caso es ir mirándolo ya...