viernes, 28 de noviembre de 2008

Búsqueda de trabajo en Hong Kong

Sigo buscando, sigo echando ofertas, sigo esperando... por ahora nada.

martes, 11 de noviembre de 2008

Primeros días en Hong Kong

Ya estoy en Hong Kong. Llevo aquí 3 días y esta ciudad cada vez me va gustando más para vivir, a ver si encuentro trabajo y consigo quedarme.



Por ahora la búsqueda de trabajo no ha hecho más que empezar. Estoy creándome perfiles y dejando mi CV en los principales headhunters y agencias de empleo y marcando ofertas que van acorde con mi experiencia y mis objetivos profesionales. Tiene pinta de que el proceso va para largo y será complicado, pues hay una gran competencia con los trabajadores locales que están bastante bien preparados y cobran menos, según me han dicho algunos españoles que trabajan en Hong Kong.

Pero por intentarlo que no quede, al fin y al cabo es lo que quería y nadie regala nada, hay que pelearlo. Me he dado de plazo algunas semanas y sino ya veremos... Singapur, vuelta a Vietnam, vuelta a España, ...

Esta semana estoy en casa de Javi, becario de Informática en la Oficina Comercial de Hong Kong. La semana que viene espero haberme mudado a un apartamento.

En fin, no hay presión pero sí hay prisa, dedico varias horas al día a buscar trabajo pero el resto del tiempo me aburro, después de mi visita a Hong Kong el Marzo pasado poco turismo me queda ya por hacer.



Mi estado de ánimo va por rachas, suelo terminar el día bastante optimista porque he echado varias ofertas de trabajo y he visto cosas de la ciudad que hacen que me guste para vivir pero por la mañana me levanto pesimista al ver que mi bandeja de entrada de correo sigue vacía y pienso en quién me mandaría a mi salir de Vietnam. Pero lo superaré, la búsqueda de trabajo es frustrante para todo el mundo y en una ciudad desconocida aún más. Sólo hay que ser insistente y algo caerá, eso creo.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Conclusiones de mi viaje a Pekín

Se acabaron las vacaciones, ya estoy en Hong Kong en busca y captura de empleo.

Esta mañana he dejado Pekín y me ha dado mucha pena hacerlo. Ha sido una semana increible con Peque como anfitrión y con una ciudad que ofrece muchas alternativas turísticas.

Era la segunda vez que viajaba a Pekín y esta vez fue diferente. Quizás porque la vez que fui en Febrero fue un viaje a matacaballo visitando la Ciudad Prohibida, la Muralla China, el Templo de Verano, ... sitios que te pueden llevar perfectamente un día de pateo y no haberlos visto por completo. Ana y yo llegábamos a casa tan cansados que no nos quedaban ganas ni de salir a cenar.

Esta vez me lo he tomado más relajado. He pasado de revisitar las grandes atracciones turísticas, a excepción de la Ciudad Prohibida, y me he centrado en visitas cortas a lugares no tan conocidos pero igual de interesantes: la Colina del Carbón, el Parque de Beihai, el Templo de los Lamas, la Calle de los Calígrafos, el Mausoleo de Mao, la Torre del Tambor y la Torre de la Campana, un paseo por los hutong, la villa olímpica, ... y salir de fiesta, Peque me ha sacado de fiesta como nunca pensé que podía hacerse en Pekín: por Sanlitun y los bares que frecuentan los expatriados, el Propaganda y sus fiestas con ambiente universitario los miércoles, el Cargo y el MIX: dos clubs rollo local con chinas muy muy estilosas, ... ¡hasta tuve partida de póker una noche!

No he parado. Durante esta semana he tenido momentos en los que me sentía como si aún estuviera en la beca ICEX y fuera un viaje como tantos que me he pegado este año; con Peque hablando sobre su trabajo en la Oficina Comercial y con sus amigos becarios comentando las posibilidades de 2nda fase y empresas españolas establecidas en Asia. Parecía como si el sueño no hubiera terminado y aún siguiera siendo becario ICEX en Vietnam. Pero al final del día siempre despertaba del sueño y me iba a la cama intranquilo, pensando que tengo que ponerme a buscar trabajo y que viviré en una ciudad nueva. Entre el jet lag y las rayadas, pasé las primeras noches en vela.

Una de las conclusiones que he sacado de Pekín es que pese a que Saigón era bastante infierno de ciudad (para la vida de expatriado), Pekín tampoco me mola para vivir. Mucho frío, mucha contaminación, distancias muy largas, coger taxis a todas horas, muy chino, nadie habla inglés y los chinos son más rancios que los vietnamitas y no se prestan a entenderte o ayudarte. Reconozco que se vive mejor que en Saigón pero no me convence. Ha servido para reafirmarme en mi elección de Hong Kong y Singapur como ciudades donde empezar una nueva vida, ciudades chinas pero no demasiado chinas.

Me ha llamado mucho la atención ver como Peque y el resto de becarios manejaban el chino mandarín a la perfección y podían mantener conversaciones con cualquiera. En principio es comprensible porque disfrutaron de 3 meses para aprender chino exclusivamente pero es que como los locales no hablan nada de inglés, se fuerzan a utilizar el chino sí o sí para sobrevivir. Me daba mucha envidia. Yo con mi vietnamita podía comunicarme en algunos aspectos de la vida cotidiana pero no llegaba a esos niveles, y no fue por falta de formación, no señor, no necesitaba esos 3 meses, sino porque en Saigón casi todo el mundo hablaba algo de inglés y la mayoría de vietnamitas me forzaban a mantener la conversación en inglés. Me faltó práctica. En cualquier caso, también me da envidia que ellos manejen a la perfección un idioma tan útil como el chino mandarín, y yo con mi vietnamita no pueda hacer nada fuera de Vietnam, más que perder soltura a cada día que pasa. :'(

Bueno, ha sido una buena experiencia después de todo. Me ha hecho sacudirme de nuevo y ser consciente de que la beca se ha terminado de todas todas pero también ha servido para reafirmarme en mi decisión de volver a Asia por un tiempo más, estoy contento y realmente es lo que quería.

Por último, no puedo acabar estas conclusiones sin dar las gracias a Peque por acogerme amablemente en su casa, por llevarme de cena a buenos restaurantes y por sacarme de fiesta. Ya lo dije en su momento, es un gran amigo.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Visitando a Mao

Esta mañana he madrugado para ver a Mao. Sí, Mao Zedong, el padre de la China comunista, el cual está bien muerto pero se le puede ver expuesto al público en Pekín.



Tras su muerte, fue embalsamado, en contra de sus deseos de ser incinerado, y expuesto en un sarcófago de cristal en un Mausoleo, situado en el extremo Sur de la Plaza de Tian'anmen. El objetivo, convertirse en un elemento de propaganda política china.





Para lograr el perfecto embalsamado del cuerpo, China no podía contar con los conocimientos técnicos que utilizaron los rusos para el cuerpo de Lenin, por el conflicto que mantenía con la URSS en esos tiempos, de modo que tuvieron que solicitar la ayuda de Vietnam, que ya había aprendido de los rusos y llevado a cabo con éxito el embalsamado de Ho Chi Minh. Como suele pasar en el juego del teléfono escacharrado, de lo que A cuenta a B, B cuenta a C y C entiende hay una diferencia. Resultado: el cuerpo de Mao parece más falso que un iphone chino.

Se rumorea que ante la posibilidad de que el proceso saliera mal, se realizó una réplica del cuerpo en cera y se guarda en el mismo Mausoleo. Sin embargo, cualquiera diría que lo que hay expuesto no es en realidad el cuerpo de cera.

Cuando visité a Ho Chi Minh en Hanoi, la verdad es que el cuerpo imponía más, parecía más real, parecía que se iba a levantar en cualquier momento en plan zombi.

El procedimiento de visita es el mismo en los dos, hay que presentarse temprano para hacer cola de media hora entre tantos visitantes y controles de seguridad. No dejan introducir la cámara, así que esto es lo poco que pude sacar con el teléfono.





Tanta cola para menos de un minuto, que es lo que tardas en entrar en el sepulcro y salir del mismo. Cualquier parecido con un parque de atracciones es casualidad. Además de las prisas, no puedes pararte a observar, no te dejan ver todo el cuerpo de Mao, sólo un lado, ya que la fila se separa en dos. En el Mausoleo de Ho Chi Minh, en cambio, la cola da toda la vuelta al féretro.



En fin, que en todos los casos me llenó más la visita a Ho Chi Minh que la de Mao. Esta última me supo a poco.

martes, 4 de noviembre de 2008

La campana y el tambor

Hoy tocaba visitar la Torre del Tambor y la Torre de la Campana de Pekín, ambas situadas en línea con el eje Sur-Norte de la Ciudad Prohibida.



La campana y el tambor fueron desde siempre intrumentos musicales de la China clásica. Sin embargo, ya en la antigüedad pasaron a ejercer una función importante: anunciar el tiempo, ya que la gente no disponía de un sistema para medir el mismo. Así, durante la Dinastía Han (206 aC - 220), la campana se utilizaba para anunciar el amanecer y el tambor para anunciar el anochecer. Con el tiempo, la torre de la campana y la torre del tambor pasaron a ser edificaciones públicas en todas las ciudades a lo largo del país. Las de Pekín son las más grandes jamás construidas.

La Torre del Tambor contiene una gran variedad de tambores; originalmente contenía un enorme tambor y 24 tambores pequeños.





Los tambores se tocaban para señalar las horas del día, 18 veces a ritmo rápido y 18 veces a ritmo lento, durante 3 rondas, lo que hacía un total de 108 veces, lo que representaba 1 año en la antigua China.





Actualmente sólo permanece original el gran Tambor del Vigilante Nocturno, que se tocaba durante cada una de las cinco divisiones (geng) de dos horas de la noche. El resto de tambores son réplicas.

La Torre de la Campana se encuentra detrás de la Torre del Tambor y fue construida al mismo tiempo que esta.



Posee una arquitectura singular que hace que el sonido de la campana se amplifique enormemente.



En su interior, alberga una campana de cobre de 7 metros de alto y 63 toneladas de peso.



Hoy en día estas torres han pasado a ejercer una función meramente turística, ya que la tradición de anunciar el tiempo con el tambor y la campana fue abolida en 1924, cuando el último emperador de China, Pu Yi, abandonó la Ciudad Prohibida.

Como curiosidad, la tradición de utilizar la campana y el tambor para anunciar el amanecer y el anochecer existía también en otros países con influencia cultural china, como el Vietnam de los emperadores de la Dinastía Nguyen. Así, en la Ciudad Imperial de Hué, a cada uno de los lados de la Puerta de Ngo Mon o Puerta del Mediodía, hay una campana y un tambor que en la antigüedad eran utilizados para anunciar el paso del tiempo.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Revisitando la Ciudad Prohibida de Pekín

He empezado mi semana de turismo por Pekín visitando de nuevo la Ciudad Prohibida, ya que cuando estuve el pasado febrero estaba en proceso de restauración.

Esta vez he empezado el recorrido desde el principio, desde la Puerta de Qianmen, puerta principal de acceso a la Ciudad Interior amurallada de la antigua Pekín.



Luego he cruzado toda la Plaza de Tian'anmen para llegar a la Puerta de Tian'anmen o Puerta de la Paz Celestial, que permite acceder al recinto imperial.





La entrada en sí de la Ciudad Prohibida es conocida como la Puerta Meridiana.



A continuación se accede al patio de la Puerta de la Armonía Suprema.



Y se llega por fin a la Sala de la Armonía Suprema.



No me detuve demasiado en recorrer la Ciudad Prohibida ya que era mi segunda visita. Simplemente recorrí el eje principal hasta salir por la puerta Norte, la Puerta del Valor Militar Divino.



Siguiendo el eje Sur-Norte, nos encontramos con la Colina del Carbón, la cual se construyó a partir de la tierra excavada del foso del palacio. Supuestamente, protege al palacio de los malos espíritus del norte, esto es, las tormentas de polvo.





Al ser un punto bastante elevado, permite contemplar unas vistas magníficas de la Ciudad Prohibida.



Al Oeste de la Colina del Carbón se encuentra el Parque de Beihai, donde antiguamente se situaba el palacio de Kublai Kan, el punto central de Pekín antes de la construcción de la Ciudad Prohibida.



Es reconocible por la Dagoba Blanca, que se levantó con motivo de la visita del Dalai Lama en 1651.





La dagoba está situada en el islote de Jade, rodeada de un inmenso lago.



Merece la pena dar un paseo por su orilla a media tarde y contemplar las dos colinas, de lo mejor de Pekín.

Ya estoy en Pekín

Este primer fin de semana tras mi vuelta a Asia ha sido intenso. Llegué el viernes por la mañana temprano después de un viaje de 12h directo Madrid-Pekín en el que no dormí nada. Fui directo a casa de Peque y por suerte le pillé a cinco minutos de salir para ir al trabajo. Me quedé durmiendo toda la mañana y quedé para comer con él al mediodía. Ya por la tarde, por no ir a casa a seguir durmiendo y contrarrestar el jet lag me fui a pasear por la Villa Olímpica.



Estuve por los alrededores del Estadio Olímpico conocido como El Nido, muy llamativo por fuera.





Hace ya varios meses de la cita olímpica en Pekín, pero el estadio estaba repleto de visitantes por fuera y por dentro.







Junto a El Nido se encuentra El Cubo de Agua, el Centro Acuático Nacional donde se celebraron las pruebas de natación en los Juegos Olímpicos. Muy curioso por fuera también.







Por la noche salí de fiesta con Peque y sus amigos, la mayoría también becarios en Pekín. Salimos por San Li Tun, una zona de marcha frecuentada por los expats. El sábado dormí unas 15 horas del tirón, para recuperarme del jet lag y me levanté tardísimo, justo a tiempo para enganchar con el sábado por la noche. Más fiesta por San Li Tun.

Hoy domingo por la tarde hemos estado paseando por Wanfujing y el mercado de pinchos exóticos, el lago Houhai y la plaza de Tiananmen de noche.



Mañana lunes empieza el auténtico turisteo por Pekín.