miércoles, 31 de octubre de 2007

Delta del Mekong

Viaje de dos días por el Delta del Mekong.

Esta zona, situada al Sur de Vietnam, es conocida como la cesta de arroz del país, ya que gracias al esfuerzo de sus habitantes se produce arroz suficiente para alimentar a toda la nación, generando además un importante excendente para la exportación. (Vietnam es el segundo exportador del mundo de arroz, por detrás de Tailandia). A pesar de ser una zona principalmente rural, es una de las regiones del país con más densidad de población y con casi la totalidad de su superficie de terreno cultivada.

El delta se ha formado con los sedimentos depositados del río Mekong a lo largo varios siglos. El río, uno de los más grandes del mundo, es tan enorme que registra dos mareas diarias. En Vietnam se le conoce como Song Cuu Long o el Río de los Nueve Dragones ya que desemboca en el mar de China Meridional dividido en 9 estuarios.



La inmesidad del río, que en ocasiones se pierde de vista por muchos frentes, te hace pensar por momentos que te encuentras en el mar, pero no, es un río.

El Mekong es una forma de vida para los habitantes del sur de Vietnam. Las poblaciones se asientan en sus orillas, la gente se mueve en barcas por el río o por la red de canales de un sitio a otro, los comerciantes intercambian su mercancía de barca a barca, hay familias enteras que viven en barcazas, todo el agua para la casa (baño, cocina) viene del Mekong y vuelve al Mekong, los niños disfrutan chapoteando en sus aguas,... Sin embargo, también es causa de tragedia cuando las crecidas obligan a la población a convivir con sus casas inundadas, a evacuar sus hogares en caso extremo y cuando mucha gente muere ahogada, en especial los niños que tienen que atravesar multitud de canales para ir a la escuela. El Mekong lo es todo para ellos, representa la vida y la muerte.



El viaje se divide en 3 etapas y dura un fin de semana.

Salimos el Sábado temprano con otros turistas de Ho Chi Minh City en un viaje de 2 horas de autobús hasta My Tho. Allí cogemos un barco que nos lleva a las isla del Unicornio, donde nos espera una degustación de frutas tropicales, una visita a un taller de dulce de coco y un paseo en barca de remo por los canales que atraviesan la isla al más puro estilo de Venecia.



Tras el paseo en barca nos vamos a isla del Dragón. A mitad de camino, cruzando el río, nos cae el diluvio universal. Una vez allí, visita a los huertos de longán y comida ligera. Después, vuelta a My Tho para coger el autobús.

Siguiente parada, Can Tho. Tras dos horas de camino por carretera y un trasbordo en ferry llegamos a la capital del Mekong, centro político, económico y de comunicaciones del delta. En el horizonte vemos el puente que se derrumbó a finales de Septiembre y que salió en todas las noticias, destinado a convertirse en el mayor puente colgante del Sudeste Asiático.

Cuando llegamos a Can Tho la ciudad está totalmente anegada de agua, pero es un hecho habitual ahora en temporada de inundaciones estacionales. Es lo que pasa cuando construyes una ciudad al borde de un río cuyo caudal oscila varios metros de altura dos veces al día a causa de la marea. Según los locales, parece ser que este año la época de crecidas está siendo más grave que nunca (que les hablen a ellos del calentamiento global...). Sin embargo, la inundación no parece alterar la vida de los habitantes de Can Tho, que siguen circulando en moto a pesar de que el agua supera el palmo de altura en las calles. Todo esto, dos veces al día todos los días! Por supuesto, nos tuvimos que descalzar, mala suerte no llevar chanclas...



Pasamos la noche en un bungalow a las afueras de Can Tho, acogidos por una familia de vietnamitas que nos ofreció una suculenta cena del famoso pez local Oreja de Elefante. Tras pasar la noche embadurnados en RELEC y durmiendo en cama con mosquitera nos levantamos a la mañana siguiente... la marea ha vuelto a subir después de haber bajado durante la noche! Toca descalzarse para ir a desayunar.

Siguiente parada, el mercado flotante de Cai Rang, 6 km río abajo desde Can Tho. Son las 8 de la mañana y los comerciantes ya llevan horas intercambiando mercancías de barco a barco. En Vietnam, las transacciones comerciales que no tienen lugar en tierra firme están exentas de impuestos.



El mercado funciona de la siguiente forma. A las 5 de la mañana llegan los pequeños botes de agricultores con las frutas y verduras de sus huertos. Los comerciantes, que viven en las barcazas con sus familias, cuelgan un palo vertical en la proa. Si el agricultor llega y del palo no cuelga la mercancía que vende, se la ofrece al comerciante. El comerciante va comprando diferentes frutas y verduras a distintos agricultores hasta tener más o menos de todo en la cubierta de su barco. Por cada mercancía que ha adquirido, cuelga una muestra en el palo. Pasadas unas horas, los agricultores se retiran y es el turno de los compradores, ya sean familias que también viven en el río o habitantes de tierra firme que se acercan al mercado flotante en pequeñas barcas para comprar la mercancía más barata que en el mercado del puerto. Los compradores ven lo que ofrece cada comerciante por la muestra que cuelga del palo de proa y se acercan al mismo para comprar la mercancía. ¿A que es curioso?



Seguimos río abajo, a 20 km de Can Tho y llegamos al mercado flotante de Phong Dien. Supuestamente es el más importante del delta del Mekong pero son las 10 de la mañana y ya no queda nadie, está todo vendido.

Subimos de nuevo a Can Tho pero, en lugar de hacerlo por el cauce del río, la barca se mete por un canal paralelo. El canal atraviesa casas y casas de familias que viven en la orilla. Los niños nos saludan con la mano y una sonrisa. La vegetación se cierra a nuestro paso, haciendo el canal más estrecho.



Tras una hora de travesía salimos de nuevo al cauce principal y atracamos en Can Tho.

Cogemos el autobús y nos esperan 4 horas de vuelta a Ho Chi Minh City. Ha sido una experiencia interesante y, sobretodo, ya era hora de salir de la ciudad y respirar aire fresco.

martes, 30 de octubre de 2007

Aprendiendo vietnamita

Llevamos ya una semana recibiendo clases de vietnamita en el descanso del trabajo.

El vietnamita es la lengua oficial de Vietnam. Se define como un lenguaje monosilábico y articulado, cada sílaba puede ser una palabra y la unión de varias sílabas puede formar una palabra o una expresión. Las sílabas se pronuncian separadas y dan lugar a frases, como a trompicones: sílaba-pausa-sílaba-pausa-sílaba, lo que, a oídos de un español, produce cierta disonancia.

Por fortuna para mí, la escritura vietnamita utiliza las letras del alfabeto latino, no como el chino o el japonés. Demos gracias a Alexandre de Rhodes por ello.

El caso es que después de tres clases ya puedo decir que el idioma es difícil de cojones, básicamente por la pronunciación.

El alfabeto tiene 29 letras: 12 vocales y 17 consontantes:
a ă â b c d đ e ê g h i k l m n o ô ơ p q r s t u ư v x y

Parece que han desaparecido algunas consonantes del alfabeto español, ¡pero no! Aparecen al combinar una consonante con una h. Así:

· f = ph
· j = kh (algo que mi cerebro no es capaz de asociar todavía)
· ñ = nh

También hay consonantes nuevas:

· đ = d española frente a d = ll española, ¡que lío!
· ng = maullido de gato impracticable

Por si fuera poco lo de diferenciar las vocales, cada una de estas 12 puede llevar 6 tonos posibles:

· Tono plano : a ă â e ê i o ô ơ u ư y
· Tono \ : à ằ ầ è ề ì ò ồ ờ ù ừ ỳ
· Tono / : á ắ ấ é ế í ó ố ớ ú ứ ý
· Tono . : ạ ặ ậ ẹ ệ ị ọ ộ ợ ụ ự ỵ
· Tono ? : ả ẳ ẩ ẻ ể ỉ ỏ ổ ở ủ ử ỷ
· Tono ~ : ã ẵ ẫ ẽ ễ ĩ õ ỗ ỡ ũ ữ ỹ

Esto significa 72 sonidos posibles, frente a los 5 que tenemos en España. La riqueza lingüística es impresionante porque cada tono aporta un significado distinto a la palabra:

· ma = Fantasma
· = Pero
· = Madre
· mạ = Brote de arroz
· mả = Tumba
· = Caballo

Así que cuidado con pronunciar mal o puedes meter la pata. Un ejemplo, Tây Ban Nha significa España, Tây Bán Nhà significa ¡extranjero vende casa!

Por último, el vietnamita comprende 3 dialectos: Norte (Hanoi), Central (Hué) y Sur (Saigón). Sin embargo, las diferencias no son importantes y no presentan ningún obstáculo para la comunicación entre vietnamitas de distintas áreas del país, y menos aún para la difusión en los medios de comunicación nacionales.

Como opinión personal, hay idiomas más agradables al oído; la primera vez que escuchamos una conversación nos parecía una pelea de gatos. Todavía no soy capaz de que los taxistas me entiendan cuando digo la calle donde vivo, Nguyễn Đình Chiểu, pero algún día lo conseguiré. Aparte, espero progresar más rápido que mis compañeros gracias a ciertas "clases particulares" que tomo cada semana. :-)

martes, 23 de octubre de 2007

Ya tengo moto

Efectivamente, soy un inconsciente.

Una de las cosas que te sorprende cuando llegas a Saigón es el terrible caos circulatorio de motos que gobierna la ciudad. Ningún extranjero en su sano juicio se atrevería a montar en moto la primera semana de estancia aquí. Al poco tiempo, ves que las distancias son largas, las aceras intransitables, el transporte público inexistente y el taxi a la larga acaba saliendo caro aunque cueste poco; se hace inevitable.

Obviamente, moverte con un Xe Ôm (taxista motero) de paquete sale más barato, aunque supone el mismo riesgo (o incluso más, van como locos) que coger la moto tu mismo y además exige regatear antes de iniciar el trayecto.

Al tiempo de estar aquí, ves que la moto es el medio de transporte natural para los vietnamitas. No puede ser tan dificil si les ves a todos sonrientes yendo de un lado al otro de la ciudad como si tuvieran algo que hacer a toda prisa. No vas a ser el único pardillo.

Yo en mi vida me había subido a una moto, en serio. Le pisaré lo que quieras al Yaris y habré hecho mucho el cabra con la bici en mis tiempos mozos, pero no tiene nada que ver.

El caso es que un día de la semana pasada después del curro y de sorpresa aparece el tipo que alquila las motos al personal de la Oficina Comercial y me dice, "toma majo, aquí tienes tu moto".

Una fantástica y flamante Honda Wave AX, el modelo más popular de los Saigonitas.



Te gusta el color, ¿mamá?


Tras una lección teórica de 10 minutos sobre el cambio de marchas y frenos (además del casco, aquí no tiene carnet ni el tato), la moto es toda mía. Sin estar mentalizado pienso que después del curro toca ir a casa y que podría ir en moto. Así pues, con dos huevos y medio cerebro, cojo la moto por primera vez y ¡hala! a la carretera, de noche que era, encima. A tirones, entre acelerones y frenazos, consigo llegar a Hai Ba Trung, una de las calles principales de Saigón. Mi orientación me dice que la próxima curva es a la izquierda pero claro, yo voy por la derecha y por la izquierda viene el tráfico en sentido contrario. Por si no lo habia mencionado, en Ho Chi Minh, en calles de doble sentido se puede girar a la izquierda aunque el tráfico venga de cara, o eres hábil y te sabes entremezclar con los que vienen o empiezas a pitar y te cruzas jodiendo al personal. Yo veo a la peña cruzándose pero no hay huevos, pienso 1 izquierda = 3 derechas. Vaya, en las dos siguientes calles no puedo girar a la derecha, que suerte, ¡me he perdido! Sigo por donde puedo y acabo en una glorieta maldita que separa dos distritos y petada de tráfico. La glorieta no tiene ni semáforos ni cedas, ¡fiesta!. Después de reorientarme consigo llegar a casa 30 minutos después de haber salido del curro (andando tardo 7 minutos) pero más feliz que una perdiz, sigo vivo.

A partir de los dos días conduciendo por Saigón ya empiezas a cogerle el truco y pasas de sufrir a disfrutar... de la brisa en la cara, de la polución en los pulmones y de los frenazos ante inconscientes que se saltan semáforos, cedas y direcciones contrarias o aparecen de repente en la oscuridad sin las luces puestas.

Conducir moto en Saigón es como ir al parque de atracciones de gratis, con una atracción en cada vuelta de la esquina. Y si no me creeis, os dejo este video que grabó Ana, la reportera dicharachera de la Oficina, mientras la llevaba de paquete de un distrito al centro.




Debería llevar casco, pero viendo que nadie más lo lleva y que da mucho calor no me apetece. En cualquier caso, aunque no quiera a partir de Diciembre será obligatorio y el Gobierno ya está haciendo campaña de concienciación a la población, tarde o temprano tocará ponérselo...

domingo, 21 de octubre de 2007

Ya tengo casa

¡Por fin! ¡Ya no tengo que vestirme desde la maleta cada mañana!

Después de varios días buscando casa donde vivir por fin me he decidido, un apartamento bien majo a orillas del canal de Thi Nghe.

Buscar piso en Vietnam funciona por el boca... alguien conoce a alguien que conoce a alguien que tiene un piso para alquilar. En realidad, alguien (normalmente un expat) conoce a alguien (un agente inmobiliario o, en ocasiones, un señor que tiene una moto y mucho tiempo libre) que conoce a alguien que tiene un piso para alquilar (y que a veces tiene a una persona malviviendo en esa casa a cambio de tenerla limpia y decente para enseñarla). También se puede buscar piso por agencias de Internet, aunque las casas que muestran no suelen estar disponibles y al final acabas por saltarte sólo el primer nivel de la jerarquía. También puedes ir por las calles que te gustan buscando casas para alquilar y acudir directamente al dueño, aunque tener moto para recorrerte las calles sin tener todavía una casa donde guardarla es la pescadilla que se muerde la cola.

Básicamente hay dos alternativas:
- casa tipo vietnamita con varias plantas. La planta baja tiene el salón, la cocina y el sitio para dejar las motos. Luego puede haber una o varias plantas con dos habitaciones, una de uso cotidiano y otra para invitados. Por último, la planta alta es la terraza. Lo suyo es tener toda la casa para ti sólo o compartirla con alguien si tiene varias plantas de habitaciones.
- apartamento o estudio tipo occidental.

Yo he optado por el apartamento-estudio. Tiene lo que necesito y no tengo que andar subiendo escaleras. Los otros dos becarios han optado por compartir una casa con varios pisos. Tienen habitaciones para invitados pero ya empiezan a notar los efectos de subir y bajar escaleras.

La búsqueda de piso en Ho Chi Minh City puede resultar algo frustrante. Por lo general, los agentes con los que contactas no hablan inglés tan bien como te gustaría y no entienden muy bien lo que andas buscando. A veces te acaban enseñando algo que está a tomar por culo del centro o un tipo de casa que no buscas para nada... Aparte, los agentes van en moto y a ti te toca ir en taxi a la dirección que le ha dicho el agente al taxista, que a veces se pierde. Algún día hemos recorrido Saigón de una punta a otra viendo pisos y si no has visto algo que te gusta acabas frustrado al final del día, "otro día más de hotel..."

Empezamos buscando una casa para compartir todos los becarios, pero luego pensamos que vivir y trabajar juntos todo el año podía llegar a cansar. Después de varios días viendo casas vietnamitas y apartamentos me decidí por un apartamento que había visto uno de los primeros días.

El apartamento tiene habitación, salón, baño y medio-cocina. Todo lo que necesito. Es tipo estudio, aunque el salón está algo separado de la habitación. El piso está muy bien, todo nuevo, suelo pulido, muebles y cama de calidad y una tele de tropecientas pulgadas para ver pelis tirado en la cama. Lo de la medio-cocina, pues es que tampoco la iba a usar. Ya sabéis que no soy muy cocinillas, mis amigos me conocen por mis especialidades de pasta-rápida, así que me da igual tenerla o no, aquí ni siquiera hay pasta de trigo.

Esta gente dice que el apartamento parece de lujo y, en realidad, no es de lo más barato que hay por aquí, pero pago sólo 450$ al mes, más o menos lo que pagaba en Madrid por un piso compartido y ahora tengo un piso para mi sólo. Tengo claro que no he venido a Vietnam a ahorrar.

Sin más, ahí van unas fotos.


Vistas al canal y al distrito de Binh Thanh.





sábado, 6 de octubre de 2007

Viaje de ida y llegada a HCMC

¡Ya estoy en Vietnam!

He llegado junto a los otros cuatro becarios de ICEX: Pedro J (Inversiones), Carlos (Tecnológico), Alexandra (COMEX) y Ana (Periodista).

Hemos aterrizado a las 19:00 (hora local) después de 21 horas de viaje con dos escalas: Madrid, Barajas > Amsterdam, Schiphol > Singapur, Changi > HCMC, Tan Son Nhat.



El viaje ha comenzado con la sorpresa de encontrarme a compañeros becarios de Informática en la zona de facturación de Barajas. Resulta que íbamos en el mismo avión a Amsterdam los becarios de Atenas, El Cairo, Kuala Lumpur y Dubai. El vuelo Madrid - Amsterdam se me ha hecho corto y en el aeropuerto de Schiphol tocaban las despedidas... y los reencuentros, porque compartía vuelo a Singapur con el becario de Informática allí destinado. El vuelo Amsterdam - Singapur, de 12 horas de duración, se me ha hecho interminable. No lograba conciliar el sueño. El cansancio era tal, pero poco el sueño que me entraba, que me pareció haber sufrido momentos de delirio. Por último, el vuelo Singapur - Ho Chi Minh City se me ha hecho corto porque estaba tan cansado del vuelo anterior que he caido frito al poco de despegar.

Ya en el aeropuerto de Tan Son Nhat en Ho Chi Minh City, nos ha recogido Bea, la becaria de Cámara de Madrid, y hemos ido en taxi al hotel. Al salir de la terminal hemos recibido un golpe de calor y de humedad que casi nos deja en el sitio. No me extraña, después de pasar casi un día completo bajo aires acondicionados entre aeropuertos y aviones, el contraste con el clima tropical del sur de Vietnam es brutal.

El viaje del Aeropuerto al hotel se me quedará grabado en la memoria para siempre. Ha sido mi primer contacto con Vietnam y me ha perecido increible. ¡Tan distinto a cualquier cosa que haya visto! Recuerdo luces y olores. Luces de neon y carteles luminosos por todos los sitios. Carteles que no tienes ni idea de lo que dicen pero que te quedas mirando. Luego, olores de comida a ráfagas, olor a gasolina con tanta moto. Y esa sensación de humedad que todo lo impregna, junto en una extraña mezcla.

La ciudad es un puro caos circulatorio. Motos por todos los lados, yendo y viniendo, cruzándose por el camino entre los coches. Se escucha constantemente el ruido de los pitos. En los cruces hay semáforos pero a la gente se la sopla, de hecho, hasta había algunos circulando en sentido contrario por algunas calles. Y por si fuera poco, ¡nadie llevaba casco! Una locura.

Después de llegar al hotel hemos ido a cenar a un garito de karaokes con gente de todas las edades cantando clásicos del pasodoble vietnamita y luego a tomarnos una copilla a un bar muy fashion llamado Windows Café.


Vista desde el hotel.

Mañana más, día uno.