martes, 13 de noviembre de 2007

Hanói

El fin de semana pasado estuvimos de viaje por el Norte de Vietnam, nos unimos a la excursión de los becarios de la Oficina Comercial de Singapur: Mike, Paula y Ana.

Llegamos el viernes por la noche a Hanói en un vuelo de Pacific Airlines. El avión era de marca blanca y mientras subíamos por la escalerilla vimos el motor de un ala abierto de par en par y un mecánico sacando piezas de una caja de herramientas, ¡parecía un mal presagio!

Teníamos 4 horas para dormir antes de levantarnos para el viaje a la Bahía de Ha Long el sábado bien temprano. Pero no fue el despertador lo que me sacó de la cama a las 7, sino la voz de un hombre hablando a gritos en la calle. Mike me dijo que todas las mañanas desde que estaba allí era la misma historia, un tipo en la calle con un altavoz que se ponía a vociferar en vietnamita, pero él podía pasar y seguir durmiendo. Como la voz no se callaba, a los 15 minutos abrimos la ventana para decirle al tío que se fuera a su puta casa a dar voces y nos dejara dormir pero ahí no había nadie. Entonces nos dimos cuenta de que era un altavoz colgado de un poste de cables con un tío hablando a todo volumen y de vez en cuando una musiquita rayante. ¿Qué coño era eso? ¿Propaganda comunista? ¿El NO-DO vietnamita en versión radiada? ¿Las noticias de la mañana para despertar con alegría a los ciudadanos de Hanói? Y no se callabaaaaaaaa...



Así era imposible dormir así que no levantamos y nos preparamos para el viaje a la Bahía de Ha Long.

Tras volver de Ha Long el sábado por la noche, visita al mercado nocturno nada más bajar del autobús. El mercado es una fila larga de puestecillos a lo largo de una calle donde venden de todo. Me recordó al mercado de Portobello de Londres, sólo que en lugar de antigüedades vendían ropa same-same. Había buen ambiente, estaba petado de gente y había que ir con las manos en los bolsillos por si acaso... pero era curioso, con más tiempo me habría parado a comprar algo.

Del mercado al hotel, a prepararnos para salir por la noche. Cena en restaurante francés de lujo. Nuestros amigos de Singapur comprobaron lo bien que se come en Vietnam, tanto en precio como en calidad. Después de la cena, intentamos ir al Apocalipse Now (hay otro en Saigón), que viene recomendado en todas las guías. Llegamos y el garito chapado, nos cuentan que la policía está cerrando todos los locales de la mafia en Hanói. Volvimos al barrio antiguo y nos metimos en uno de los pubs con encanto de la zona, lleno de expats. No eran ni las 12 ni nos habíamos terminado de tomar la primera copa cuando llegaron los policías vietnamitas (la poli de Vietnam va con uniforme militar verde) y chaparon el local con el pito en la boca y la porra en la mano. Afuera del local, la camionetilla esperando con un occidental sentado... mejor dispersarse... como en tiempos de los grises de la España franquista.

Todos los garitos del barrio antiguo chapados, ¡no hay fiesta en Hanói! El resto de becarios decide volverse al hotel, Mike y yo nos quedamos (para que luego digan que los informáticos somos frikis aburridos) y pillamos un taxi al Hotel Sheraton, ¡necesito otra copa! Llegamos al Sheraton y recién cerrado también. El taxista, muy majo él, nos propone llevarnos al Lai Hau (Lighthouse) junto al río, que era lo único abierto a esas horas. Ya habíamos oído que después de llevar días cerrado, ese sábado lo habían vuelto a abrir. Llegamos al local, en una callejuela de mala muerte, con pinta de nave industrial toda oxidada, un boum boum de fondo... abrimos la puerta y ¡todo el mundo allí de fiesta! Según nos contó un joven local, el dueño del Lighthouse había pagado a la poli para que esa noche se les olvidara hacer ronda por la zona, ¡qué suerte! Y ahí aguantamos toda la noche, Mike y yo. Bebiendo copas infames y conociendo vietnamitas de mundo que hablaban alemán y estudiaban ingenierías. No había muchas tías pero había música y copas, de sobra viendo el panorama de fiesta en Hanói. Como diría mi amigo Nuño, "Mucho comunismo... ¡poca diversión!".

Acabamos a las 5 de la mañana, cerrando el local y para casa. Pillamos un Xe Ôm, que no era más que una tía que también había estado de fiesta en el Lighthouse y nos llevó al hotel en su moto a los dos por unos dongs. Le echamos un ojo al poste con el altavoz del demonio pero no parecía haber ningún cable que pudieramos cortar y tampoco había piedras a mano. Mañana es domingo, quiero levantarme tarde... pensé... Pero ¡no!, 7 de la mañana del domingo, la maldita propaganda comunista no descansa y del altavoz de la calle empieza a sonar la música rayante y el discurso comienza... "Queridos ciudadanos y ciudadanas de Hanói. Nuestro amado lider, el tío Ho, nos da los buenos días.". No respetan ni el Domingo.

Después de dar vueltas y vueltas en la cama sin poder dormir con tanto ruido y la música rayante que no dejaba de sonar en mi cabeza, no queda otra que levantarse y aprovechar para ver Hanói.

La visita a Hanói empieza por el Museo de Ho Chi Minh, una enorme estructura de cemento. El Museo recoge fotos de la vida del tío Ho y cosas que utilizó, surrealista y todo dirigido a engrandecer las virtudes del político. Pedro no pudo resistirse al lavado y al salir del Museo se compró un sombrero como el de Ho Chi Minh, típico de explorador de safari de color verde y con el escudo de Vietnam en la frente, para parecerse más a él y ser mejor persona.



Al lado se encuentra el Mausoleo, que estaba en obras en esos momentos. El Mausoleo contiene el cuerpo de Ho Chi Minh embalsamado y conservado en un sarcófago de cristal (como Lenin y Mao). Tradición comunista.

La cola para ver al amado lider siempre es larga y se respira un profundo respeto en el ambiente. Todos los visitantes vietnamitas muestran una gran admiración por el político y su papel de libertador del pueblo contra el colonialismo. Yo no lo pude ver porqué llegué tarde, sólo lo muestran de 8 a 11 de la mañana, pero la gente dice que se le ve un poco pálido al hombre.

Frente al Mausoleo hay una explanada con la bandera ondeando, perfecta para desfiles militares, como Tiananmen o la Plaza Roja (vale, dejo ya las comparaciones, supongo que ya habéis captado el aire comunista que se respira en Hanói).



Todo el complejo del Mausoleo es una zona peatonal con amplios paseos, monumentos y parques. Echo en falta algo como eso en Saigón, una zona por donde pasear y tumbarte en la hierba, lejos del ruido de las calles.

Entre el Museo y el Mausoleo se sitúa la Pagoda del Pilar Único, construida por el emperador Ly Thai Tong.



Está hecha de madera y se sostiene sobre un solo pilar de piedra por encima de un estanque. Tiene mil años de antigüedad, aunque fue reconstruida después de que los franceses la destruyeran antes de abandonar Hanói en 1954, cuando les "dieron pal pelo".

Tiempo para comer. Vamos a KOTO, por recomendación de la guía, un restaurante con un proyecto benéfico que ofrece formación en cocina a los chicos de la calle. Está situado junto al Templo de la Literatura, nuestra siguiente parada.



El Templo de la Literatura, dedicado a Confucio (ya hablé de la diferencia entre templos y pagodas), se construyó para honrar a los hombres sabios de letras. Aquí se estableció la primera universidad de Vietnam en 1070. El templo está separado en cinco patios cerrados, con un pasillo central que atraviesa las puertas de entrada.



El Templo de la Literatura está exactamente a 2km del lago Hoàn Kiếm, la próxima parada.

El lago Hoàn Kiếm se encuentra en el corazón de Hanói. La leyenda cuenta que en el s. XV el cielo envió al emperador Lê Lợi una espada mágica, que usó para expulsar a los chinos de Vietnam. Un día después de la guerra se encontró en el lago con una tortuga gigante dorada, que cogió su espada y desapareció en el lago. Desde entonces, el lago es conocido como Hồ Hoàn Kiếm (Lago de la Espada Recuperada), porque la tortuga devolvió la espada a los dioses.

El mito de la tortuga sigue presente hoy día. Se sabe que existen tortugas enormes, de 2 metros de longitud, que habitan en las profundidades del lago y que rara vez salen a la superficie. De hecho, traen suerte a quien consiga ver una. Nosotros tuvimos mucha suerte porque vimos una, que justo esa semana le había dado por asomarse a tomar el sol, algo que no pasaba desde hacía años. La gente se agolpaba a la orilla para verla de cerca, algunos hasta el punto de casi caerse al lago. Se han visto tan pocas veces a estas enormes criaturas que entre aparición y aparición, con el paso de los años, la realidad se va conviertiendo en mito... ¿Serán estas tortugas las descendientes de la tortuga dorada de Lê Lợi? ¿Existen de verdad? Pues sí, yo he visto a una...



Si antes decía que echaba en falta en Saigón tener amplios paseos y parques como los de la zona del Mausoleo en Hanói, tener un lago más aún. La gente pasea por la orilla, se sienta a relajarse y practica tai chi al amanecer, ... da mucha vida.

Como ya estaba anocheciendo, unas compras y a cenar para hacer tiempo antes de que saliera el avión. El vuelo se volvió a retrasar y me encontré a la 1 de la mañana en la puerta de embarque. Llegué a las 4 a casa, ¡qué paliza de viaje!

Muy bonito Hanói, poco que ver con Saigón. Tiene más monumentos y lugares por los que pasear, pero hay que reconocer que la fiesta no abunda. No creo que pudiera vivir ahí tan cómodamente como en Saigón.

Después de este viaje al Norte y la excursión al Mekong, ¡el próximo viaje a la playa!

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