lunes 12 de marzo de 2012

Destination: Raja Ampat

Como cada primavera, pongo rumbo al sudeste asiático para no faltar a mi cita con las playas y los paisajes de karst.

Hace dos años fue Filipinas. El año pasado fue Tailandia y Vietnam.

Este año subo el listón y me propongo un destino aún más exótico. Me voy a Raja Ampat, Indonesia.



Por el camino tendré ocasión de parar en Borobudur y Prambanan, dos auténticas joyas patrimonio de la humanidad que llevo tiempo queriendo visitar. Va a ser un viaje completo.



¿Y qué se me ha perdido en Raja Ampat, diréis?

No exagero si os digo que Raja Ampat es uno de los últimos paraísos vírgenes del planeta. Por su riqueza de recursos naturales oceánicos está llamado a convertirse en un destino de gran potencial turístico. Así que hay que ir antes de que aquello se estropee. Me gustaría poder decirle a mis nietos que yo estuve allí cuando todavía no había resorts que no fueran los de los multimillonarios, cuando todavía no había servicios de ferry y la única forma de moverse era alquilandole una barca a un pescador, cuando no había restaurantes y uno tenía que pescar su propia comida, cuando no había cobertura de teléfonos móviles ni wifi y uno podía desconectar y perderse en el mar para encontrarse a sí mismo.

Así pues, en compañía de dos buenos amigos, Dani y Javi, pasaré una semana saltando de isla en isla y llegaré hasta la última frontera.

Además estamos de suerte, resulta que Raja Ampat es una de las mecas del submarinismo. Está en la lista de los diez mejores lugares del mundo para bucear, e indiscutiblemente dicen que es el número uno en cuanto a biodiversidad marina. La más alta registrada en la Tierra, de acuerdo con Conservación Internacional.

Comienza una nueva aventura.

domingo 11 de marzo de 2012

11 de Marzo, 14:46h


Onagawa, prefectura de Miyagi, Japón

viernes 9 de marzo de 2012

¿Por qué las pagodas de Japón no se caen con los terremotos?

En vísperas del aniversario del terremoto de Tōhoku me gustaría hablar sobre Japón y los terremotos. Como ya sabéis todos, Japón es un país con una alta actividad sísmica debido a su ubicación en el cinturón de fuego del Pacífico. Sólo en los últimos 15 años han tenido lugar más de 10 terremotos de magnitud 7.0 o superior. El del día 11 de marzo de 2011 fue el peor terremoto de la historia de Japón, y el cuarto más fuerte registrado en el mundo.

Si bien el tsunami ocasionó daños de severa consideración en la costa este de Japón, lo cierto es que el desastre podía haber sido aún mayor. Conviene recordar que a pesar de tratarse de un seísmo de magnitud 9,0, con una duración cercana a los 6 minutos, casi todos los edificios e infraestructuras del país resistieron en pie, y también aguantaron las contínuas réplicas que se sucedieron después. En Tokio, la capital, el seísmo registró una intensidad de hasta 5+ sobre 7 en la escala JMA. Como resultado, cero edificios se derrumbaron. Algunos pensarán que se trata de un milagro. En realidad, Japón es el país del mundo más preparado contra los terremotos, un logro que no se ha alcanzado durante los últimos años o durante las últimas décadas, sino que parte de siglos atrás.

Durante el primer año del master de Risk Engineering que estoy estudiando en Japón he tenido la oportunidad de cursar algunas asignaturas relacionadas con Riesgos Urbanos (都市リスク分野). Una de estas asignaturas, Urban Structural Systems (都市構造システム論), estaba orientada a comprender los riesgos urbanos debido a fenómenos naturales y accidentes graves, con el fin de mejorar la seguridad pública. Gracias a esta asignatura, he aprendido bastante sobre desastres naturales, particularmente terremotos y tsunamis, e ingeniería sísmica en Japón. Pienso que ha sido una de las asignaturas más interesantes del master, ya que me ha servido para comprender cómo afronta Japón los terremotos a lo largo de su historia y las lecciones aprendidas en los últimos grandes terremotos, el de Kantō de 1923, el de Kōbe de 1995 y el de Tōhoku de 2011.

Un caso de estudio interesante de ingeniería sísmica que hemos estudiado en clase son las pagodas. Hoy me gustaría compartir su historia con vosotros. Las pagodas son edificios construidos con fines religiosos, como parte del budismo. Normalmente están situadas cerca o dentro de templos budistas. Constan de varios niveles, y durante siglos fueron las estructuras más altas en las antiguas capitales, Nara y Kioto. Son también los edificios más antiguos que se conservan en Japón. Sin ir más lejos, la Pagoda de Cinco Pisos del templo budista Hōryū-ji, en Ikagura, está reconocida como uno de los edificios de madera más antiguos del mundo, datada en 594. Si alguno se pregunta por qué los edificios más antiguos son budistas y no sintoístas, la religión nativa de Japón, debería saber que siguiendo la tradición Shintō de que la naturaleza muere y renace en un período de veinte años, los edificios presentes en los santuarios sintoístas normalmente son desmantelados y construidos de nuevo cada cierto tiempo, con el objetivo de purificar el lugar y mantenerlo en buen estado permanentemente.


Pagoda de Cinco Pisos junto al santuario de Itsukushima, en la isla de Miyajima, construida en 1407.


¿Cómo llegaron las pagodas a Japón?

Conozcamos primero cómo llegaron las pagodas hasta Japón, hace más de 1300 años nada más y nada menos que desde la India.

Resulta que las pagodas provienen de las estupas, construidas por primera vez en la India durante el reinado de Aśoka en el siglo III a.C. para albergar las reliquias de Buda. Se cree que la etimológica del vocablo pagoda proviene del término sánscrito dhatu garba (contenedor de reliquias sagradas), que evolucionó al cingalés dagoba, y que se refiere a estupa.



La mayoría de estupas del mundo se encuentran repartidas por los países asiáticos surorientales de tradición budista: India, Sri Lanka, Nepal, Bután y la región de Tíbet, aunque también podemos encontrar estupas en otros países, un ejemplo es la Dagoba Blanca del parque Beihai en Pekín, China.



De la India, la tradición de construir estupas pasó a Bangladesh y a Tailandia, donde las estructuras se conocían como chedi. Un ejemplo lo encontramos en el Wat Phra Kaew o Templo del Buda de Esmeralda de Bangkok. Se trata del Phra Si Ratana Chedi, una réplica de 1855 de las Tres Estupas del templo Wat Phra Si Sanphet, levantadas en la antigua capital Ayutthaya en 1448.



Gracias al esfuerzo de los peregrinos budistas que buscaban expandir la religión por el continente, la tradición de construir estupas para venerar reliquias y textos sagrados llegó hasta China. Allí se cree que la arquitectura típica de las estupas se fundió con el estilo de los antiguos pabellones chinos —de formas hexagonales y octogonales— dando lugar al diseño final de pagoda que más tarde predominaría en China.



Algunos ejemplos de pagodas octogonales son las Pagodas del Sol y de la Luna en el lago Shan Hu de Guilin; la Pagoda Leifeng ubicada sobre la Colina del Atardecer al sur del Lago del Oeste en Hangzhou, construida originalmente en 977; y la Pagoda del Buda Fragante del Palacio de Verano de Pekín, construida en el año 1750.




En cuanto a los países de Indochina, se piensa que las estupas se extendieron desde Tailandia a Camboya y Laos; mientras que las pagodas se extendieron desde China a Vietnam. Varios ejemplos de este último son la Pagoda de Trấn Quốc en el Lago del Oeste de Hanói, que data de los años 544-548; la Pagoda del Pilar Único en Hanói, construida en 1049; y la Pagoda de Thiên Mụ a orillas del río Perfume en Hué, construida en 1601.



Desde China llegaron también al resto de países del Este de Asia, primero a la península de Corea. Una representación es la Pagoda que alberga el Museo Nacional de Folklore de Corea junto al Palacio Gyeongbok en Seúl.



Por último, desde Corea las pagodas llegaron a Japón de la mano del budismo en el año 552, adoptando en sus primeras formas el estilo coreano Baekje y el chino Tang. Con el tiempo, el diseño de la pagoda sufrió una profunda transformación.

¿Por qué las pagodas de Japón no se caen con los terremotos?

Aunque por fuera las pagodas japonesas no tienen mucho de diferente que las pagodas de otros países de Asia —ciertamente a ojos de un occidental no entrenado sería díficil distinguir la procedencia de una pagoda simplemente por su aspecto—, resulta que estas guardan un secreto en su composición. Un secreto que permitiría definir este misterioso tipo de estructuras como una de las primeras obras maestras de ingeniería civil de la humanidad.


En primer lugar, los materiales de construcción fueron adaptados. Mientras que en el continente la tradición era construir las pagodas con piedra, en Japón se construyeron enteramente de madera desde el principio. La madera era un elemento predominante en la arquitectura japonesa porque de acuerdo con la filosofía sintoísta proporcionaba armonía con la naturaleza. No obstante, se cree que otro de los motivos por los que se utilizaba madera para la construcción era precisamente porque los edificios de madera eran más resistentes a los terromotos que los de piedra. Un material flexible absorve mejor las cargas sísmicas. Cuando la madera se somete a una fuerza esta puede doblarse y deformarse sin llegar a romperse, y cuando la fuerza cesa regresa a su forma original.

Otra característica que complementa la flexibilidad es que las piezas de madera que conforman la estructura se unen entre sí sin utilizar ningún clavo, únicamente mediante la inserción de extremos finos y tallados en ranuras. Así, cuando la tierra se mueve, las articulaciones de madera tienen cierta holgura para torcerse y rozarse entre sí. Esto elimina en parte la rigidez.

Por si fuera poco, no sólo el material, sino también el tamaño y la forma de las pagodas se vieron modificados. Mientras que en China las pagodas eran estructuras de forma octogonal, con grandes dimensiones y cierta funcionalidad, con escaleras en su interior que permitían ascender hasta la última planta para observar desde cierta altura; en Japón las pagodas pasaron a tener forma cuadrada y el tamaño de la planta se vio reducida, de manera que el edificio pasó a convertirse en una torre sin más funcionalidad que la artística.


Pagoda de Cinco Pisos junto al templo budista de Kōfuku-ji, en Nara, construida en 1426.

La segunda característica importante es la estructura en capas de la pagoda. Resulta que las plantas individuales de la pagoda no están realmente unidas unas con otras, sino simplemente apiladas una encima de otra. En Japón llegaron a predominar las pagodas de tres pisos (三重塔, Sanjūnotō) y las pagodas de cinco pisos (五重塔, Gojūnotō). Vemos que en ambos casos, el kanji 重 significa literalmente en japonés "columna de cajas", por lo que el término significa "un número (3 o 5) de cajas apiladas una encima de otra". Un detalle que apenas se aprecia es que cada piso es más pequeño que el de abajo sucesivamente, al igual que un pino, y los aleros son anchos y pesados, actuando como ramas estabilizadoras en caso de que el edificio comience a balancearse.


Pagoda de Cinco Pisos junto al templo budista de Ninna-ji, en Kioto, que data del s. XVII.

La última característica principal, y la más sorprendente de todas, se trata de un invento japonés llamado shinbashira (心柱・真柱).

Al principio de su construcción las pagodas de cinco pisos no contenían pilares que atravesaran su centro y soportaran las cargas estructurales desde el fondo hasta la parte superior. Como hemos dicho, los pisos estaban apilados uno encima de otro y se unían mediante frágiles soportes de madera que permitían a cada planta moverse de manera independientemente.

La leyenda cuenta que hace mucho tiempo un experto carpintero tuvo ocasión de observar una pagoda de cinco pisos durante un gran terremoto. Dicen que lo que vió el carpinterio escapó por completo a su lógica. Mientras el piso inferior se balanceaba hacia la izquierda, el que estaba justo encima se balanceaba a la derecha, el siguiente a la izquierda, y así alternativamente, hasta que la tierra dejó de temblar. Lo describió como el movimiento de danza de una serpiente. Mientras duraba la onda sísmica los pisos oscilaban en fases opuestas, eso permitía al edificio moverse de una forma mucho más fluída que haría un edificio rígido y aguantar el terremoto.

Para evitar que los pisos se movieran demasiado hasta desencajarse y derrumbar la estructura, los constructores dieron con una ingeniosa solución, el shinbashira. Se trataba de un enorme pilar central talado a partir de un tronco grande de hinoki (ciprés japonés). El pilar en realidad no servía para soportar el peso del edificio —los pisos seguían apilados uno encima de otro—, sino que se sujetaba desde la parte inferior del techo y colgaba hacia abajo a través del espacio central. Algunas veces terminaba enterrado en la tierra, otras se apoyaba levemente contra el suelo, y en ocasiones ni siquiera tocaba el suelo, simplemente colgaba libremente. Durante un terremoto, el movimiento de balanceo de un piso en cualquier dirección venía restringido por el pilar. Cada vez que un piso se balanceaba hacia un lado, chocaba contra el enorme tronco central, y transfería a este parte de su energía, que era dispersada. Este era el principio básico del shinbashira.


Un ejemplo de Pagoda de Cinco Pisos con shinbashira lo encontramos en el santuario de Tōshō-gū, situado en Nikko. La pagoda fue construida en 1650 y sólo fue reconstruida en 1818 tras un incendio. La descripción del templo dice que la pagoda no tiene cimientos, sino que contiene un largo tronco suspendido que se balancea como un péndulo, manteniendo el equilibrio en caso de un terremoto.


Resulta impresionante que este tipo de estructuras tan notables hayan existido en Japón durante más de mil años y hayan aguantado hasta nuestros días sin llegar a derrumbarse por causa de los terremotos. La arquitectura de la Pagoda de Cinco Pisos es única, con un diseño particular de un país azotado por terremotos y con ayuda de técnicas desarrolladas de forma nativa. Y es que los antiguos maestros carpinteros japoneses anticiparon hace muchísimo tiempo conceptos de la ingeniería estructural moderna como la mecánica de un sólido rígido, el momento de inercia o el radio de giro.

Una herencia que ha llegado hasta nuestros días

Sorprendentemente, el concepto de shinbashira evolucionó con el tiempo hasta convertirse en lo que hoy en día conocemos como Amortiguador de Masa (en inglés, Tuned Mass Damper). Se trata de un sistema de absorción de vibraciones mediante el balanceo de un contrapeso colgante, normalmente bloques de acero. Estos se montan en la parte superior de los rascacielos y en caso de terremoto se mueven en contraposición a las oscilaciones de la frecuencia de resonancia, amortiguando las vibraciones del edificio.



Un ejemplo de esta tecnología está en el rascacielos Taipei 101, en Taiwan, con 509 metros de altura y cuyo diseño está inspirado curiosamente en una pagoda.



También la recién inaugurada Tokyo Sky Tree con 634 metros, en Tokio, dispone de shinbashira. Exactamente, a través del hueco central que discurre entre las escaleras y los ascensores, y que se encuentra separado del entramado exterior mediante amortiguadores hidráulicos. En palabras de la compañía propietaria, Tobu Tower Sky Tree Co., este sistema logra reducir las vibraciones ocasionadas por un terremoto en un 50 por ciento, haciendo que pueda llegar a soportar seísmos de magnitud 8.0. Como ya se demostró el año pasado, la torre no sufrió daño alguno durante el terromoto de Tōhoku.


Las pagodas representan mejor que ningún otro símbolo de Japón el espíritu de resistencia frente a los terremotos. En siglos de historia no existe registro alguno de que estas misterioras torres sagradas hayan sucumbido a la fuerza desatada por la madre tierra. Su diseño inteligente y su aspecto elegante son un motivo de orgullo e inspiración para los arquitectos japoneses. Gracias a una tecnología que desarrollaron los antiguos maestros carpinteros, las ciudades japonesas son más seguras en la actualidad. Pensad en ello cada vez que os encontréis con una pagoda yendo de paseo por Asakusa, por Kioto o por Nara.



Por último, me vais a permitir añadir que hacía muchísimo que no disfrutaba tanto escribiendo un post para el blog. Buscar todas las fotografías que acompañan este artículo me ha hecho recordar la cantidad de viajes que me han llevado por Asia desde el año 2007. De algo tenía que servir ver tantas y tantas pagodas, amigos. Aunque la idea para escribir el post surgió después de aprender sobre las pagodas en una asignatura de Riesgos Urbanos del master, he tomado referencias de las revistas The Economist (18/12/1997) y Nipponia (15/06/2005).

lunes 5 de marzo de 2012

Ciruelos en flor

Que el invierno termine y llegue ya la primavera.

Eso estamos deseando, creo, todos los que vivimos al Este de Japón. Y es que este invierno está resultando demasiado duro, con días grises sin apenas ver asomar el sol y un frío húmedo, además de algo de nieve y mucha lluvia. Esperamos que la primavera venga y traiga de nuevo la alegría, los colores, y unas temperaturas más suaves para poder salir a la calle.

En Japón, uno de las signos de que el invierno está llegando a su fin es el florecimiento de los ciruelos (en japonés 梅, ume). Se trata de un acontecimiento no menos esperado que el florecimiento de los cerezos (en japonés 桜, sakura), que tiene lugar a principios de abril y marca el apogeo de la primavera.



Dicen que los mejores sitios de Japón para contemplar los ciruelos en flor, una tradición que se conoce como umemi (梅見), están en la prefectura de Ibaraki, así que no he podido dejar pasar la experiencia. El año pasado por estas mismas fechas me acerqué hasta el monte Tsukuba, que me queda bien cerca, a 40 minutos en autobús desde el centro de Tsukuba.



Del 18 de febrero hasta el 20 de marzo se celebra el Tsukuba-san Ume Matsuri, o el Festival del Ciruelo del monte Tsukuba, que acoge distintos eventos. Más información, en inglés, aquí.



A los pies de la montaña se encuentra el Jardín de los Ciruelos del monte Tsukuba (筑波山梅林). El jardín tiene unos 1.000 árboles ciruelos de distintas variedades. Un pequeño paraíso para los amantes de la fotografía floral.





El nombre científico del 梅 o ume es Prunus mume, aunque en occidente se conoce como albaricoque japonés o ciruelo chino. En realidad está más relacionado con el albaricoque que con el ciruelo. Es una especie asiática del género Prunus de la familia de las rosas. El árbol es originario de China y después fue llevado a Corea y a Japón.





El árbol del ume florece al final del invierno, normalmente a finales de febrero. El color de sus flores va desde el blanco, pasando por el rosa, hasta el rojo intenso. Por su gran belleza, la flor del ume ha sido un tema tradicional desde tiempos lejanos en la pintura de los países del Este de Asia: Japón, China y Corea, también Vietnam.





El árbol se cultiva tanto por sus flores como por su fruto. Este madura a principios del verano, normalmente en junio, y coincide con la época de lluvias en el Este de Asia, la cual es conocida como 梅雨, que en chino se pronuncia méiyǔ y en japonés tsuyu, y que literalmente significa "lluvia de ume". El fruto es redondo con una hendidura que va desde la punta hasta la rabillo. La piel cambia de verde a amarillo y a veces a un color rojizo cuando madura. Su pulpa es amarilla.



A partir del fruto del ume se elabora el umeshu (梅酒), un famoso licor japonés de color dorado. Se prepara cuando las ciruelas o los albaricoques están aún verdes, sumergiéndolos a macerar en alcohol. La graduación es del 10–15%. Contiene azúcar y su sabor es muy dulce, tanto que suele resultar agradable para aquellas personas a las que normalmente no les gustan las bebidas alcohólicas; en cambio para otras puede llegar a ser demasiado empalagoso. Después de ver el Jardín de los Ciruelos, el profesor suizo de mi laboratorio y yo escalamos el monte Tsukuba y cuando llegamos a la cima, en una hora más o menos, lo celebramos brindando con un sorbo de umeshu.



Este año la experiencia ha sido diferente. Viajé con unos amigos estudiantes internacionales hasta Mito, la capital de la prefectura de Ibaraki. Una vez allí nos dirigimos hasta el Parque Kairaku-en, que junto al Kenroku-en y al Koraku-en están considerados los Tres Grandes Jardines de Japón (日本三名園).
  • Kairaku-en (偕楽園) significa "el jardín para disfrutar con la gente". Fue uno de los primeros jardines diseñados para uso público en Japón, en 1842.
  • Kenroku-en (兼六園) significa "el jardín que combina las seis características de un jardín ideal: amplitud, serenidad, veneración a lo antiguo, belleza visual, diseño sutil en los detalles, y frescor". Está situado en la ciudad de Kanazawa, prefectura de Ishikawa, data de 1620 y pertenecía al clan Maeda.
  • Koraku-en (後楽園) significa "el jardín del sumo placer", y hace referencia a la siguiente regla del Confucionismo: "sé el primero en sentir los problemas del mundo, sé el último en disfrutar de sus placeres". Está situado en la ciudad de Okayama, prefectura de Okayama, data de 1700 y pertenecía al clan Ikeda.



Una de las mejores épocas del año para visitar el Kairaku-en de Mito es durante el florecimiento de los ciruelos. Desde 1896, del 18 de febrero al 31 de marzo se viene celebrando el Mito-no-Ume Matsuri o Festival del Ciruelo de Mito. Más información, en inglés, aquí.



El festival es muy popular en la prefectura. El parque cuenta con uno de los jardínes de ciruelos más grandes de Japón, con más de 3000 árboles de 100 especies diferentes con variedades de flor blancas, rosas y rojas. Este año, sin embargo, el invierno está siendo especialmente largo, más aún en el norte, y la flor de los ciruelos tarda un poco en salir, tanto que apenas vimos unos pocos árboles floridos ahora a principios de marzo.





Al contrario que con el florecimiento de los cerezos en abril, las frías temperaturas no invitan todavía a sentarse debajo de los árboles a comer, beber y ver las flores, tradición que en Japón se conoce como hanami (花見). Tendremos que esperar un mes más para poder hacer eso. El frío, sin embargo, no impide que cientos de visitantes se acerquen estas semanas al Kairaku-en para ver los ciruelos y participar en las actividades, algunas de ellas nocturnas.



Por ejemplo, el pasado sábado, 3 de Marzo, tuvo lugar el Yoru Ume Matsuri, un festival nocturno con velas y fuegos artificiales. Me recordó al Nara To-Kae, un bonito festival que se celebra en la ciudad de Nara durante las noches de verano.







A última hora del día, con el parque a la luz de las velas, tiraron algunos fuegos artificiales. Fue una buena forma de terminar la visita a Mito.



En fin, espero que hayáis aprendido que no sólo de cerezos viven los japoneses, también los ciruelos en flor son populares. Aquellos que vivís por la región de Kantō aún estáis a tiempo de acercaros a Ibaraki y salir de umemi (梅見) hasta finales de marzo. Luego, tras la flor del ume llega la flor de la sakura, y eso sólo puede significar una cosa: que el invierno termina y comienza la primavera. Vivamos ese momento con ilusión.

martes 28 de febrero de 2012

Inside the Meltdown

El pasado 23 de Febrero, la cadena de televisión del Reino Unido BBC emitió el documental Inside the Meltdown, una película que recoge imágenes y testimonios de los primeros días del accidente nuclear de Fukushima, ocurrido tras el terremoto de Tohoku. Algunas de las entrevistas, entre las que se incluyen las del anterior primer ministro japonés Naoto Kan, son inéditas, así como algunos vídeos grabados por los equipos de emergencia durante las primeras horas del desastre.

El documental es de gran calidad, como caracteriza siempre a la BBC. Cierto que algunas historias están cargadas de dramatismo pero en general la película me parece un homenaje a los equipos de ingenieros, soldados y bomberos que durante los días posteriores al terremoto y tsunami lucharon con toda su valentía para evitar la catástrofe que todos temían, el fin de Japón.



La línea de acontecimientos era más o menos conocida pero algunos detalles han salido ahora a la luz. Algunos testimonios por parte de los empleados de TEPCO de lo que se vivió en Fukushima durante las primeras horas son sorprendentes.

A las 23:30 del 11 de Marzo los reactores de la central nuclear llevaban más de 7 horas sin electricidad por la pérdida de los generadores de emergencia tras el tsunami. Los ingenieros temían que sin suministro eléctrico el combustible de los reactores no estuviera suficientemente refrigerado y comenzara el proceso de fusión del núcleo. El primer camión con generadores eléctricos todavía no había llegado, pero el equipo de ingenieros necesitaba conocer urgentemente lo que estaba sucediendo en el interior de los reactores.

Tuvieron que tomar medidas desesperadas.

Pidieron a los trabajadores de la central que quitaran las baterías de sus propios coches para conectarlas en serie al panel de instrumentos del reactor 1 y comprobar el estado de las válvulas de presión. Las lecturas iniciales provocaron pánico. La presión en el interior del reactor no dejaba de subir...


Aunque no entra en valoraciones, el documental también muestra el grado de descoordinación que había entre las distintas partes: el gobierno, la Agencia de Seguridad Industrial y Nuclear de Japón (NISA) y la compañía TEPCO. Un ejemplo de ello es el siguiente fragmento.

El 12 de Marzo, tras detectarse los primeros escapes de radiactividad inmediatamente después de la explosión del reactor 1 a las 15:36, el gobierno ordenó la evacuación de toda la población en un radio de 20 km de la central nuclear. Muchos ciudadanos renunciaron en aquel momento a la búsqueda de familiares supervivientes del tsunami para salvaguardar sus propias vidas por el riesgo de radiación.

El propio gobierno contaba con una herramienta de simulación para prededir la trayectoria de dispersión de la pluma radiactiva, SPEEDI, pero la Agencia de Seguridad Industrial y Nuclear de Japón (NISA) no entregó los resultados al primer ministro porque no estaban seguros de su precisión
(aunque sí lo hizo al ejército de EEUU, como se demostró más tarde). Como consecuencia, estos datos (que luego se vió que eran correctos) no fueron tenidos en cuenta a la hora de organizar la evacuación de la población y miles de ciudadanos fueron alojados en puntos de la prefectura donde los niveles de radiación resultaron ser más elevados incluso que en las cercanías de la central nuclear.

Todavía falta mucho trabajo hasta esclarecer lo que ocurrió realmente en Fukushima, los trabajadores de TEPCO siguen con la prohibición de hablar con los medios de comunicación, aunque este documental nos acerca un poquito más a la realidad.

viernes 17 de febrero de 2012

Esquiando en Ishiuchi, Echigo Yuzawa

Hace dos semanas pasé por la estación de esquí de Ishiuchi Maruyama. Era la primera vez que hacía snowboard en Japón y tengo que decir que fue una experiencia muy grata.



Ishiuchi está en la prefectura de Niigata. Para llegar hasta allí agarramos un shinkansen en Tokio y fuimos hasta la estación de Echigo-Yuzawa. Se tarda una hora y media, el viaje cuesta unos ¥6,000 por trayecto.



Lo de ir a esquiar fue en realidad una idea de Nerea, Lorco y Fernando (Chiqui), buenos aficionados a la nieve que no se pierden una cada invierno. Y ahí estaba yo para completar la expedición.





Mientras que Nerea y Lorco calzaban orgullosos unos esquís cortos o snowblades, Chiqui y yo íbamos con tabla de snowboard. Ahora veo que fue un acierto traerme la tabla a Japón el año pasado. Mucho más cómodo que andar alquilando. Sólo tuve que acordarme la noche antes de apretar los tornillos y comprobar las fijaciones.



Nada más bajar del shinkansen en Echigo-Yuzawa, nos llevamos una sorpresa al ver todo cubierto de nieve. Imaginaros lo que tiene que nevar en Niigata para que el espesor sea de varios metros. La nieve estaba cortada formando una pared a los lados de la carretera. Espectacular.







La estación de Ishiuchi fue construida hace más de 50 años para uso y disfrute de los tokiotas entusiastas del esquí. Echando un vistazo al mapa cuesta creer que sea accesible desde el mismo centro de la capital. Te montas en el shinkansen y cuando te bajas estás tan sólo a 15 minutos de la estación de esquí. Es muy cómodo.





La estación de esquí es de tamaño medio. Ocupa una sola cara de la misma montaña y dispone de suficientes pistas y remontes. El número de kilómetros esquiables es menor que el de estaciones como Formigal o Sierra Nevada, yo diría que tiene el tamaño de Alto Campoo o Valdezcaray. No obstante, para ser la primera vez que esquiaba en Japón y yendo tan sólo un fin de semana, fue perfecto.





En el punto más alto de Ishiuchi la estación conecta con Gala Yuzawa y esta a su vez con Yuzawa Kogen. Se puede comprar un forfait para acceder a todos los valles, en total más de 100 km de pistas, pero se queda pequeño en comparación con Grandvalira en Andorra. Según parece, la estación de esquí más grande en Japón es Shiga Kogen, en la prefectura de Nagano.



Al margen de los kilómetros esquiables, la calidad de la nieve era insuperable: nieve polvo recién caída con varios metros de espesor. Cuando me aventuraba por nieve virgen y la bajada era limpia la sensación era como estar flotando sobre una nube; pero si me quedaba atascado y me hundía, las pasaba canutas para salir.





Bajando por algunas pistas nos encontramos paisajes nevados con bastante encanto. Muchos árboles tenían las copas cargadas de nieve y ofrecían una bonita estampa.







Disfrute muchísimo de los dos días de esquí, sobre todo por la compañía de estos elementos, únicos en su especie.





Teníamos los cuatro jinetes más o menos el mismo nivel, así que bajábamos siempre juntos las pistas. De vez en cuando hacíamos pausas y aprovechábamos para tirarnos en la nieve a hacer el gamberro. Qué risas.



Para que os hagáis una idea de la experiencia, os dejo a continuación con un vídeo que grabé al señor Chiqui bajando por una de nuestras rutas favoritas del circuito.



Me gustaría repetir una excursión a la nieve antes de que termine la temporada de esquí, a ver si es posible escaparse otro fin de semana.



Ahí lo tenéis, una cara quizás poco habitual del turismo en Japón pero muy a tener en cuenta en invierno.